Despertar Cristiano - Conciencia Cristiana

lunes 16 de enero de 2012

¡Si tan solo pudiera convertirme en ganso!

Carlos Rey Era Nochebuena y estaba nevando. Pero eso no iba a impedir que su esposa llevara a los niños a la celebración de la Navidad en su iglesia. Ella era una devota creyente en Cristo y se esmeraba en inculcar en sus hijos esa fe. En cambio, él dudaba de la existencia de Dios, la criticaba por su fe, y se burlaba de ella por la manera piadosa en que celebraba la Navidad. Sin embargo, ella le rogó que los acompañara; pero él se negó a hacerlo, ridiculizando la idea de la encarnación de Cristo y calificándola de tontería. «¿Por qué habría Dios de rebajarse y hacerse hombre como nosotros? ¡Esa es una historia ridícula!», dijo. Así que ella y sus hijos fueron a la iglesia y él se quedó en casa.

Después que se fueron, comenzó a soplar más fuerte el viento y la nevada se tornó en tormenta. Por la ventana no podía ver más que la nieve enceguecedora que caía. Cuando se sentó frente a la chimenea, oyó el sonido de algo que golpeaba con fuerza en la ventana. Y luego oyó otro golpe más fuerte. Miró por la ventana, pero no podía ver nada. Así que salió a ver lo que era. En el campo cerca de su casa vio algo de lo más extraño: ¡una bandada de gansos! Al parecer volaban en busca de un sitio cálido en dirección al sur, pero los había atrapado la tormenta. La nieve arreciaba a tal grado que los gansos ya no podían volar para seguir su rumbo. Estaban perdidos y varados en el terreno de él, sin alimento ni refugio alguno. No podían hacer más que batir las alas y volar en círculos a ciegas y sin rumbo.

Les tuvo compasión y quiso ayudarlos. Pensó: El establo sería un buen lugar para albergarlos. Es cálido y seguro. Si pasan allí la noche, pueden estar seguros en medio de la tormenta. Así que se acercó al establo y les abrió las puertas. Al observarlos, esperó que se dieran cuenta del establo y de lo que representaba para ellos. Se acercó aún más para llamarles la atención, pero con eso no hizo más que ahuyentarlos por el temor que les infundía. Así que él entró en la casa y volvió con pan, lo partió y, con los pedazos, hizo una senda que conducía al establo. Pero los gansos seguían despistados.

Ya comenzaba a sentirse frustrado. Se acercó a ellos y trató de espantarlos y perseguirlos en dirección al establo. Pero se asustaron aún más y se dispersaron en todas direcciones excepto hacia el establo. Nada de lo que hizo logró que entraran al calor, la protección y el refugio que les ofrecía. Totalmente frustrado, exclamó: «¿Por qué no me siguen? ¿Acaso no pueden ver que este es el único lugar donde pueden salir con vida de la tormenta?»

Pensándolo bien, se le ocurrió que era que no iban a seguir a un ser humano. Así que se preguntó: ¿Cómo hago para salvarlos? La única forma sería que yo me hiciera como uno de ellos. ¡Si tan sólo pudiera convertirme en ganso! ¡Entonces sí podría mostrarles el camino y salvarlos!

Se quedó callado un momento al escuchar el eco de sus propios pensamientos, y recordó lo que le había dicho a su esposa: «¿Por qué habría Dios de querer hacerse hombre como nosotros?» Y comenzó a comprender el misterio de la encarnación: Nosotros somos como esos gansos, ciegos y perdidos, pensó. Dios se hizo hombre como nosotros para poder mostrarnos el camino que conduciría a nuestra salvación. Ese es el significado de la Navidad.1


1 ““The Geese in a Snowstorm,”” Author Unknown En línea 12 julio 2011; ““The Geese””, Author Unknown En línea 12 julio 2011.

domingo 15 de enero de 2012

Milagro de Luz

Luis Caccia Guerra “¡Ten confianza, levántate, te llama!” fueron las palabras con que animaron a Bartimeo el ciego a levantarse e ir al encuentro de Nuestro Señor (Marcos 10:46-52 RVR60).

Nada dice el Evangelio si Bartimeo era ciego de nacimiento o por alguna razón quedó así habiendo gozado previamente del sentido de la vista durante una parte de su vida. Unas cuantas versiones dicen simplemente: “Señor, quiero ver, que vea”. Otras, en cambio dicen “Que recupere, que recobre la vista, quiero ver de nuevo”; que no es lo mismo.

Lo cierto es que más allá de las versiones y de toda consideración teológica, veo en este pasaje de las Escrituras uno de los más dulces y por cierto, bellos y significativos milagros de Nuestro Amado Señor. Nada más ni nada menos que llevar luz a quien permanece en tinieblas.

Pero también veo en este pasaje, a un Bartimeo que no dejó pasar la oportunidad de su vida y creyó, y a personas que se encuentran a su alrededor. Unas haciéndolo callar cuando clamaba a voces por Jesús. Otras, tal vez tomándolo afectuosamente por un brazo, ayudándolo a levantarse y diciéndole: “Ten confianza, levántate, te llama”.

¡TEN CONFIANZA, LEVÁNTATE, TE LLAMA! Es que para llegar a Jesús, para ir hacia La Luz es necesario levantarse y dar pasos en la oscuridad.

Pero qué bella, generosa, actitud de quienes se acercaron a Bartimeo. Su “Ten confianza, te llama” fue capaz de acallar los ecos de una multitud que se incomodaba con sus gritos y pretendía su silencio. Y es que muchas personas que hoy viven en tinieblas, no van a poder llegar a Jesús por más que clamen por El, a menos que alguien se acerque, las tome por un brazo y con dulzura les diga “ten confianza, vamos, te llama”.

Hoy veo con emoción el milagro más grande del mundo. La Luz de Jesús agiganta la sombra de la cruz del Calvario hacia el infinito. Milagro de vida. Milagro de luz para quienes anduvimos en tinieblas.

Milagro de gracia, toda vez que es un don gratuito y absolutamente inmerecido para quien lo recibe, pero pagado a un elevadísimo precio por quien lo da. ¿Quién podrá entender tan inconmesurable amor puesto en evidencia a través del sacrificio de Cristo?

Fui ciego, visión me dio también a mí. ¡Gracias amado Señor por ese milagro de luz que tuviste a bien obrar en mi vida!

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Juan 8:12 RV60)

sábado 14 de enero de 2012

Nada te sucederá por azar

José Alfredo Liévano Es necesario que tengas la convicción que hasta este día, tus circunstancias no han sucedido por azar. Inclusive, no es un hecho casual que precisamente en este momento, leas estas líneas.

Entiende que en todo lo ocurrido, ha estado presente la soberanía perfecta de Dios, aunque muchas veces no hayas comprendido la razón de sus procedimientos.

Dios mira más allá de lo que alcanzan a ver tus ojos y de lo que tu lógica puede comprender.
El dice:

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.
Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.
Isaías 55:8-9

Aunque no entiendas nada, ten la plena certeza, que la presencia REAL y ACTIVA de Dios te envuelve ahora. No se trata de una presencia ficticia y pasiva.
Dios conoce lo que te ocurre en estos precisos momentos y sabe perfectamente de que cosas tienes necesidad.

¡Qué buen momento para que aprendas a descansar en el poder y en la soberanía de Dios!

Abandónate sin miedo bajo la soberanía perfecta de Dios, y deja que él haga todo cuanto tiene que hacer contigo. No olvides que por medio de todas estas circunstancias inciertas e incomprensibles, te está formando para algo muy grande.

¡No temas!
Dios sabe lo que hace.

Sigue desempeñando la misión encomendada aunque todo lo veas cuesta arriba, aunque todo esté a punto de apagarse o de echarse a perder, aunque te sientas incapaz.

Dios ha prometido sostenerte.
El es la fuente de tu seguridad.
Todo lo gobierna bajo su soberanía.

POR ESO, ANTE LA DUDA QUE TE ATORMENTA AHORA:
No olvides que Dios es la única fuente de lo que tienes, y su soberanía hace que todo llegue a tus manos en el momento preciso.

Eso que te hace falta ahora, llegará en el momento oportuno.
¡NO SERA AL AZAR!
Ten la firme convicción que así es.

No veas a las personas que te benefician o las circunstancias favorables como la causa de tus bendiciones, pues no tienen nada que ver con ellas, únicamente son los medios de los que Dios se vale para beneficiarte.

Descansa bajo la soberanía de Dios, pero desempeñando la misión que te corresponde.

He aquí la palabra oportuna que Dios te da ahora.
Aprópiatela para ti, AHORA:


Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.
Isaías 41:13

¡NADA TE SUCEDERA POR AZAR! Todo será en el momento oportuno.

viernes 13 de enero de 2012

La búsqueda

Ministerios RBC Cuando mi esposo Carl quería formalizar el noviazgo conmigo, se lo tomó realmente en serio. Llamaba, escribía notas, hacía preguntas profundas, me compraba flores, dulces, libros, otros regalos y me invitaba a cenar. Dedicaba mucho tiempo y esfuerzo en disuadirme.

Hace mucho, en el siglo x a.C., Salomón ya había recomendado practicar esta clase de ardua dedicación al procurar otra cosa: sabiduría. Una definición que el diccionario da sobre esta palabra es «entender lo que es verdadero, correcto y duradero», lo cual suena crucial si deseamos tener una vida que glorifique a nuestro santo Dios.

Quizá por esta razón, Salomón usó en Proverbios 2 tantos verbos que requieren acción, para describir los esfuerzos que debemos hacer a fin de obtener sabiduría. Dijo: «haciendo estar atento tu oído», «si inclinares tu corazón», «si clamares», si «dieres tu voz», «si […] buscares» y «escudriñares» (vv. 2-4).

Buscar la sabiduría exige esfuerzo, y las Escrituras nos dicen dónde podemos encontrarla: «Porque el Señor da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia». Dios no está almacenando sabiduría para sí mismo, sino que «Él provee de sana sabiduría a los rectos» (vv. 6-7).

Busca al Señor de todo corazón. Él es la fuente de toda sabiduría para tu vida.

Puedes adquirir mucho conocimiento, pero la sabiduría verdadera solo viene de Dios.

jueves 12 de enero de 2012

«Un Dios desconcertante»

Carlos Rey «No sólo el pueblo judío... sino el hombre de todos los países y edades concebía la manifestación de Dios como... una refulgente manifesta­ción de gloria, de grandeza y de poder. Sin embargo, el Dios anunciado por los profetas y por las Escrituras un día decide cumplir su promesa de amor. Un día decide que el Hijo de Dios sea el Hijo del Hombre. Y se le anuncia a María; pero..., en vez de la imaginada grandeza y de la fastuosa teofanía, lo que nace es un niño pobrísimo a quien no le dan posada en la ciudad y tiene que ser alumbrado en un maloliente pesebre.

»Después de... miles de años de concebirse la grandeza de Dios con la mente del hombre, una mujer lo concibe en la mayor impotencia, abandono y marginación. Y ¿a quién más de cerca podía punzarle con sus interrogaciones la corona de dudas que a María? ¿A quién más de cerca le tocó la desconcertante contradicción sino a la Madre? El Evangelio lo dice en una frase tremendamente simple: ““Y el niño fue arrecostado en un pesebre.”” Ninguna madre ha sido sometida a una prueba tan desigual entre lo esperado y su realidad. ¿Puede ser Dios, el Dios esperado por mi pueblo, ese hijo de mis entrañas, que no encuentra posada y viene a nacer en un lugar inmundo? ¿Estaré soñando que me visitó un Án­gel cuando este niño me grita su hambre y es un niño pobre que ni siquiera pudo nacer bajo un techo propio y digno? ¿Por qué esta humillación?

»Entonces afuera los ángeles cantan. Pero, ¿quiénes llegan con la historia sino unos sucios, ignorantes pastores con miedo y con ingenua ad­miración? ¿El Dios esperado era ése? ¿Es que Dios no es grandeza (como la concibe el hom­bre), sino humildad? Israel esperaba al León de Judá, y llega, enredado entre las zarzas, un cordero... ese cordero... que Dios envió a Abraham para que lo sacrificara en vez de su hijo Isaac....

»... No es un Rey fastuoso. No es siquiera el piadoso Dios imaginado por el piadoso hombre, rodeado, como Júpiter, de rayos y truenos. Es un Dios desconcertante.»1

Es así como, desde el punto de vista de la Virgen María, el ideólogo nicaragüense Pablo Antonio Cuadra contrasta al Dios ideado por Dios con el Dios ideado por el hombre. Lo hace en el discurso de inauguración de la Universidad Católica «Redemptoris Mater» en calidad de rector, el día primero de marzo de 1993. Y tiene toda la razón al representar al Niño Dios como el cordero que tomó el lugar de Isaac. Porque así como el patriarca Abraham no se negó a darle su único hijo a Dios, tampoco Dios se negó a darnos su único Hijo a todos nosotros, que somos los descendientes espirituales de Abraham.2 Y para que no quedara ninguna duda de que esa era su intención desde el principio, Dios se lo reveló por adelantado a Juan el Bautista, quien al comienzo del ministerio público de su primo Jesús lo presenta con la proclamación: «¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!»3

Más vale que permitamos que ese Dios desconcertante se manifieste entre nosotros como Él lo ha concebido, como el Cordero sin mancha y sin defecto provisto como sacrificio en nuestro lugar,4 para que quienes lo aceptemos como tal podamos disfrutar del perdón de pecados y de la vida nueva y eterna que lo acompaña.

1 Pablo Antonio Cuadra, discurso de inauguración de la Universidad Católica «Redemptoris Mater», 1 marzo 93 (Managua, Nicaragua: Hispamer, 1993), pp. 5-7.
2 Gn 22:1-18; Gá 3:7-9
3 Jn 1:29
4 1P 1:18-20