Hace mucho, en el siglo x a.C., Salomón ya había recomendado practicar esta clase de ardua dedicación al procurar otra cosa: sabiduría. Una definición que el diccionario da sobre esta palabra es «entender lo que es verdadero, correcto y duradero», lo cual suena crucial si deseamos tener una vida que glorifique a nuestro santo Dios.
Quizá por esta razón, Salomón usó en Proverbios 2 tantos verbos que requieren acción, para describir los esfuerzos que debemos hacer a fin de obtener sabiduría. Dijo: «haciendo estar atento tu oído», «si inclinares tu corazón», «si clamares», si «dieres tu voz», «si […] buscares» y «escudriñares» (vv. 2-4).
Buscar la sabiduría exige esfuerzo, y las Escrituras nos dicen dónde podemos encontrarla: «Porque el Señor da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia». Dios no está almacenando sabiduría para sí mismo, sino que «Él provee de sana sabiduría a los rectos» (vv. 6-7).
Busca al Señor de todo corazón. Él es la fuente de toda sabiduría para tu vida.
Puedes adquirir mucho conocimiento, pero la sabiduría verdadera solo viene de Dios.

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