Despertar Cristiano

Devocional de hoy

¿Qué se requiere para obedecer?

El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él. (Juan 14:21)

El leer esto: “Obedecedme y me amaréis”, produce un cristianismo mecánico y árido, sin calor ni gozo o gloria alguna. Pero lo que Jesús dice es: “Si me amáis, me obedeceréis”. Esto es algo fácil de hacer; no es difícil. Fíjese usted en que no dice: “Si me amáis, tendréis que guardar mis mandamientos”. No, es causa y efecto: “Si me amáis, el resultado será que guardaréis mis mandamientos”. Ese es el secreto de todo comportamiento apropiado en la experiencia cristiana. La prueba de nuestro amor es la obediencia.

Si se requiere el amor para obedecer, ¿qué es lo que produce el amor? Esa es la cuestión. Si ve usted a un cristiano desobedeciendo a Cristo o si se siente usted tentado a desobedecer, ¿qué es lo que hará que usted se dé la vuelta y hará que obedezca usted? Es el amor, y ¿cómo produce usted el amor? ¿Qué es lo que hará que le ame usted? Eso es lo que une el versículo 20 con el 21. Es ese secreto básico de nuestra identidad que crea el amor: el Espíritu en nosotros, liberando en nosotros el amor de Jesús y despertando al mismo tiempo nuestro amor hacia Él.

Recuerde usted cómo lo expresa Juan en su primera epístola: “Nosotros lo amamos a él porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). El recordar esto despierta el amor, o, como lo expresa Pablo en Romanos 5: “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (v. 5). Por lo tanto, la manera de producir amor es recordar quién es usted, a quién le pertenece usted y quién es Él, Su muerte, Su resurrección y Su unidad con usted, el hecho de que Él mora en su vida. No puede recordarse usted esto sin experimentar un sentimiento renovado de Su amor y sentir gratitud hacia Él por ser quien es y lo que Él ha hecho en su vida. Cuando ese amor empiece a fluir, entonces usted se sentirá motivado a obedecer.

Mucha de la mitología del mundo antiguo se basaba en la verdad bíblica, y algunas de nuestras fábulas modernas también reflejan esta verdad. Por ejemplo, nadie esperó jamás nada fuera de lo normal de Clark Kent, ese reportero periodista de carácter afable. Pero siempre que había una demanda de acción muy por encima de la habilidad de los meros humanos, siempre entraba en la cabina telefónica más cercana, se quitaba su traje de negocios conservador y salía, completo con sus músculos desarrollados y su traje espectacular, como Superman, pudiendo hacer lo que de otro modo no hubiese podido hacer.

Eso es exactamente lo que nos está enseñando la Palabra de Dios. Nosotros tenemos necesidad de introducirnos en la “cabina telefónica” de nuestra identidad con Cristo, para recordarnos a nosotros mismos quiénes somos, a quién le pertenecemos y quién está en nosotros, e inmediatamente hallaremos el amor, la motivación y el poder que está disponible para nosotros. Entonces podremos hacer lo que de otro modo no podríamos hacer. Esto es lo que está enseñando nuestro Señor a Sus discípulos en este momento: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”.

Señor, enséñame a retirarme a ese lugar en el que puedo renovar mi mente con las cualidades de mi identidad en Cristo, sabiendo que soy amado con un amor eterno, lleno de Tu Espíritu y pudiendo obedecer por el poder que obra en mí.

Aplicación a la vida

Si es preciso amar para obedecer, ¿qué es lo que produce el amor? ¿Por qué está nuestra identidad en Cristo tan íntimamente relacionada con encontrar el amor y poner en práctica su poder?

Ray Stedman
www.raystedman.org
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La necesidad de orar

Si, nuestro Señor Jesucristo nos enseña “la necesidad de orar” ¿Cuando? en todo tiempo.

En esta oportunidad desarrollaremos algunos aspectos muy importantes con respecto a este tema.

Tema: La oración

Introducción: Jesús no era solo divino sino también humano, así que después de un día largo y agotador...

“32 Cuando llegó la noche,  luego que el sol se puso,  le trajeron todos los que tenían enfermedades,  y a los endemoniados; 33  y toda la ciudad se agolpó a la puerta. 34  Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades,  y echó fuera muchos demonios;  y no dejaba hablar a los demonios,  porque le conocían,  (Mr. 1:32-34), sintió la necesidad de orar.

Si Jesús tuvo necesidad de orar, ¿cuánto más nosotros?. ¿Cuándo? En todo momento, veamos lo que Jesús nos manda:

Lucas 18:1 “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidadde orar siempre,  y no desmayar”

Veamos ¿Qué pasó a la viuda por su constante oración?

Lucas 18:2-8 “2 Diciendo: Había en una ciudad un juez,  que ni temía a Dios,  ni respetaba a hombre. 3  Había también en aquella ciudad una viuda,  la cual venía a él,  diciendo: Hazme justicia de mi adversario. 4 Y él no quiso por algún tiempo;  pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios,  ni tengo respeto a hombre, 5  sin embargo,  porque esta viuda me es molesta,  le haré justicia,  no sea que viniendo de continuo,  me agote la paciencia. 6  Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. 7  ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos,  que claman a él día y noche?  ¿Se tardará en responderles? 8  Os digo que pronto les hará justicia.  Pero cuando venga el Hijo del Hombre,  ¿hallará fe en la tierra?”

Jesús nos puso como ejemplo esta parábola para mostrarnos, que si el juez siendo injusto, le concedió la petición a la viuda, mucho más nuestro Padre Celestial con su fidelidad nos concederá nuestras peticiones.

No hay que desanimarnos sino estar orando sabiendo que Dios siempre contesta la oración. Debemos estar orando en todo momento: en la tribulación, en la aflicción, en los momentos buenos, en los momentos malos, en todo momento, ya sea para dar gracias, para pedir consejo, etc.

Ilustración: ¿Cuántos ejemplos nos da Jesús de oración en la Biblia?

Lo que sí sabemos es que “muy temprano cuando todavía era de noche”, esto es, cuando todavía estaba oscuro y apenas comenzaba a clarear la mañana (Lc. 4:42), Jesús se levantó, salió de la casa (la suya o la de Pedro) y se fue a un lugar solitario o desierto, a un retiro tranquilo. Allí derramó su corazón en oración a su Padre celestial. Pudo muy bien haber sido en acción de gracias por las bendiciones ya recibidas y para pedirle la fuerza necesaria para realizar la gira por Galilea que estaba a punto de empezar.

Jesús atribuía gran importancia a la oración. Oró cuando fue bautizado (Lc. 3:21); oró antes de elegir a los Doce apóstoles (Lc. 6:12); en conexión con y después de la alimentación milagrosa de los cinco mil (Mr. 6:41, 46; cf. Mt. 14:19, 23); cuando estaba a punto de hacer una pregunta importante a sus discípulos (Lc. 9:18); en el monte donde fue transfigurado (Lc. 9:28); justamente antes de extender la cariñosa invitación,

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados …”

(Mt. 11:25–30; Lc. 10:21); en el momento antes de enseñar a los discípulos la oración del Señor (Lc. 11:1); en la tumba de Lázaro (Jn. 11:14, 42); por Pedro, antes de que lo negara (Lc. 22:32); en la noche de la institución de la Santa Cena (Jn. 17; cf. 14:16); en Getsemaní (Mr. 14:32, 35, 36, 39; cf. Mt. 26:39, 42, 44; Lc. 22:42); en la cruz (Lc. 23:24; 49 Mr. 15:34; Mt. 27:46; Lc. 23:46); y después de su resurrección (Lc. 24:30). Estas referencias deben considerarse como ejemplos de una vida de oración y acción de gracias mucho más amplia.

Unas pocas citas entresacadas de los evangelios nos muestran cuán genuinas, íntimas, confiadas y desinteresadas eran las oraciones del Señor. Sus oraciones buscaban la gloria de Dios.

“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó” (Mt. 11:25, 26).

“Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado” (Jn. 11:41, 42).

“Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu hijo, para que también tu hijo te glorifique a ti…”. “Padre santo, guárdalos en tu nombre…”. “Mas ruego… para que todos sean uno…” (Juan 17, oración sacerdotal de Cristo, por él, por sus discípulos inmediatos y por la iglesia universal).

“Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no como yo quiero, sino como tú… Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (Mt. 26:39–42 y sus paralelos en Marcos y Lucas).

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen…” “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23:34, 46).

Jesús también inculcó la oración a sus seguidores (Mr. 9:29; 13:18, 33; 14:38; cf. Mt. 7:7–11; Lc. 18:1–8), y les mostró cómo debían y cómo no debían orar (Mt. 6:6–8). En conexión con esto también les enseñó lo que conocemos como “El Padre Nuestro” (Mt. 6:9–15).

I. Si, Jesús siendo divino tuvo necesidad de orar

Texto base: Marcos 1:35 “Levantándose muy de mañana,  siendo aún muy oscuro,  salió y se fue a un lugar desierto,  y allí oraba”.

La segunda oración: en la víspera de su segunda gira de predicación por Galilea (Mr. 1:35; Lc. 4:42).

Fue un tiempo de oración en un lugar apartado. Era la preparación para su primera ronda de predicación por Galilea

Y levantándose muy de mañana—es decir, el día después de este sábado notable; o, sea el primer día de la semana. Su elección de este día para inaugurar una nueva y gloriosa etapa en su obra pública, debe ser notada por el lector. aun muy de noche—“siendo todavía de noche”, o antes de la aurora—salió—sin ser visto, de la casa de Pedro, donde había dormido. Y se fue a un lugar desierto, y allí oraba—o, “continuaba orando”. El estaba por empezar su primer viaje de predicación y curaciones; y como en otras ocasiones solemnes (Lc_5:16; Lc_6:12; Lc_9:18, Lc_9:28-29, y cap. 6:46), pasaba cierto tiempo en oración especial, sin duda como preparación para dicho viaje. En cuanto a estos amigos, ellos sin duda esperaban después de un día de tantos milagros, que el día siguiente iba a ser testigo de manifestaciones similares.

Dondequiera que Cristo llega, viene a hacer el bien. Cura para que podamos ministrarlo a él y al prójimo que es suyo y por amor a él.

Cristo se fue a un lugar desierto. Aunque no corría peligro de distraerse o de tentación a la vanagloria, de todos modos se retiraba. Quienes desempeñan en público la mayor parte de su actividad, y de la mejor clase, a veces deben, no obstante, estar a solas con Dios.

II. ¿Cuanto más nosotros siendo pecadores?

Cuanto más nosotros, en nuestra debilidad humana, necesitamos más de la oración.

Hay veces que apenas oramos cuando tenemos por delante una tarea difícil, ya sea de predicación, ministración, alabanza, etc. Pero el Señor Jesús nos muestra que a pesar del cansancio del día anterior donde hizo muchos milagros y expulsó muchos demonios, no se quedó descansando para reponerse, como diríamos nosotros. Sino todo lo contrario, las fuerzas las buscó en El Padre. Solo conectados de Él podemos obtener el coraje y las fuerzas necesarias para llevar  cabo la obra que Él nos demanda.

III. ¿Cómo y cuándo debe ser nuestra oración?

Efesios 6:18 “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu,  y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”.

Orando en todo tiempo—griego, “toda estación”; dando a entender cuando se presente la oportunidad y cuando haya exigencia (Col_4:2). “Perseverad en la oración,  velando en ella con acción de gracias” En acción de gracias significa:

Andad sabiamente para con los de afuera,  redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia,  sazonada con sal,  para que sepáis cómo debéis responder a cada uno. (Col. 4:5-6).

Pablo emplea las mismas palabras de Jesús en el Evangelio de Lucas:

Lc 21:36 “Velad,  pues,  en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán,  y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”.

Pablo lo cita también Romanos 12-14, está hablando de la oración con acción de gracias: “12 Gozosos en la esperanza;  sufridos en la tribulación;  constantes en la oración; 13  compartiendo para las necesidades de los santos;  practicando la hospitalidad. 14  Bendecid a los que os persiguen;  bendecid,  y no maldigáis.

1 Tesalonicenses 5:17  “Orad sin cesar”.

José Alberto Vega
www.elpuntocristiano.org

  • Comentario al Nuevo Testamento de William Hendricksen pag.54
  • Auxiliar Bíblico Portavoz Pag. 303
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El trofeo de las batallas que no peleamos

«Si tú haces lo bueno yo te aceptaré, pero si haces lo malo, entonces el pecado te estará esperando para atacarte; te quiere dominar pero tú debes dominarlo a él». Génesis 4:7 Palabra de Dios para Todos (PDT)

La tentación es una de esas cosas a las que todos le temen, pero que pocos enfrentan y cuando lo llegan a hacer lo hacen de manera arrebatada e impulsiva pero pocas veces logran enfrentarla de manera exitosa, siempre de alguna u otra manera terminan envueltos y enredados por ella.

Y no es que la tentación sea difícil de enfrentar, sino que como todas las cosas del Reino de Dios, tiene un orden que seguir y un propósito.

Note esto, normalmente solemos resistir a la tentación, pero Dios no espera eso, Dios espera que la dominemos, es decir que la tomemos en nuestras manos y la pongamos a trabajar para nosotros, eso quiere decir que esta nunca se irá, pero que si dejará de tener ese efecto merodeador en nosotros y dejará de debilitarnos, pero el requisito es que la dominemos de acuerdo a la cita del día de hoy.

La pregunta de cómo dominar al deseo de pecar ó tentación, ese es el asunto interesante, pues no es algo que hagamos a diario, pero debemos de aprender.

La cita de hoy nos dice que es necesario que hagamos lo bueno, pero ojo, no dice que hagamos cosas buenas, nos dice que hagamos lo bueno, y ambas cosas son distintas.

Normalmente nos gusta hacer cosas buenas, pues son fáciles, son sencillas de hacer, son visibles a los ojos de los demás y nos ponen en una condición ventajosa, pero en realidad no tienen trascendencia, son cosas efímeras y sin profundidad, sin embargo la cita de hoy nos habla de lo bueno, es decir de buscar no a Dios para que nos bendiga, sino el rostro de Dios para conocerle, nos habla de conocer la palabra, no para ser parte de una religión, sino para conocer el carácter de Dios y obedecerle, no porque sea lo correcto, sino porque refleja nuestro auténtico amor por el Dios que conocemos.

Lo bueno tiene que ver con acatar cada una de las instrucciones de Dios y rendirle cuentas a él y no a las personas que nos ven y que nos rodean, existe una marcada diferencia entre ser aceptos ante las personas y por ende populares y ser aceptos delante de Dios, no por nuestro comportamiento, sino por nuestro hambre de Él y el cumplimiento de su palabra, ahí es donde radica toda la diferencia.

Piense esto, las buenas acciones no nos hacen aceptos delante de Dios, solo la sangre de Jesús puede tener ese efecto en nosotros, por lo que entendemos que lo bueno es permitir que él tenga su efecto en nosotros, antes de pensar que podemos hacer algo bueno por nosotros mismos.

Cuando nuestra atención esté enfocada en el efecto de Cristo, nuestra mente y nuestro tiempo estarán tan ocupados que la tentación perderá todo tipo de efecto e influencia en nosotros, de modo que no solo pase a segundo plano, sino que será tan fácil de identificar que podremos tomarla en nuestras manos y ponerla a nuestro servicio.

En otras palabras, la tentación tiene cabida en nosotros a causa del ocio y del poco conocimiento que tenemos de quien es Dios, si remediamos eso, la tentación será un mero accesorio de nuestra vida de fe, un trofeo de las batallas vencidas en las que no peleamos sino dejamos que Dios peleara por nosotros.

Rene Giesemann
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El peligro de mirar atrás

En este preciosa meditación esperamos poder explicar el peligro de volver atrás, ¿Porqué no debemos mirar o volver atrás? ¿Qué sucede cuando miramos atrás? Si deseas las respuestas a estas grandes interrogantes te invitamos a leer y analizar esta meditación, quién mejor para explicarnos esto que Jesús, el hijo de Dios hecho hombre.

Jesús habló de un hombre que expresó su deseo de seguirlo, pero que primero quería finalizar sus negocios. Esta historia nos indica que a él le interesaban más sus negocios que seguir al Señor. Jesús después le dijo:

Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios Lucas 9:62

Antes de destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra, Dios envió a dos ángeles para sacar a Lot y su familia. Los ángeles tuvieron que sacarlos asidos de la mano.  Sin embargo, la mujer de Lot aún tenía en su corazón un deseo por lo que quedaba atrás. A pesar de la advertencia de los ángeles, ella se volvió para mirar atrás, y fue transformada en una estatua de sal (Génesis 9).

Después de haber sido libertados de la esclavitud en Egipto, los israelitas, vieron los milagros del maná, el agua de la roca, y muchas otras manifestaciones del poder de Dios. Pero ellos también miraron atrás, anhelando las cebollas y los ajos del lugar de su esclavitud. Además, desobedecieron a Dios cuando él los mandó a seguir adelante y conquistar la tierra de Canaán. Como castigo de Dios, tuvieron que permanecer en el desierto durante 40 años más (Números 14).

Estos ejemplos subrayan un problema que prevalece todavía hoy: El problema de mirar atrás al mundo. Son muchos los que son tentados a desear volver a su antigua vida. Aun el apóstol Pablo expresó la preocupación de que él llegara a ser eliminado, después de haber servido tantos años en la obra del Señor. Es necesario vigilar constantemente para que no caigamos bajo la tentación de volver atrás.

En Filipenses 3:13-14 Pablo nos da un secreto importante para ganar la victoria: “… una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. Sabemos que la gracia de Dios basta para mantener nuestros ojos en él, nuestra mano en la suya, y nuestra mente fija en la meta que tenemos por delante. Así que, no es necesario que volvamos a las cosas de este mundo.

José Alberto Vega
www.elpuntocristiano.org
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¡Todo lo que diga podrá ser usado en su contra!

"No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres." 1 Corintios 15:33 Reina-Valera 1960 (RVR1960) 

Muchas personas tienen le equívoca idea de que pueden tener una relación con Dios a su propia manera, por el simple hecho de que Dios no viene a reclamarles su comportamiento cada vez que hacen algo mal, sin embargo, no se dan cuenta que lo que hacen, puede y tiene grandes repercusiones en su vida tanto espiritual como cotidiana.

Para muchas personas el ser fiel y el vivir apegado a las escrituras es un acto un tanto religioso, y en su afán de distinguirse de quienes ellos consideran como tales, hacen actos con los cuales en su entender “no pasa nada” y con ello se congratulan ante los demás al decirse “espirituales”, pero no “religiosos”, sin embargo caen en graves errores delate de Dios de los cuales le quiero contar un poco.

La cita de hoy habla de que las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres y creo que aunque ya lo he comentado en muchas ocasiones en estas líneas, no está demás el dejar claro que es una costumbre y cual es la diferencia con un hábito.

Según el diccionario, un hábito es un acto o una actitud que se confunde con la vida misma de quien lo ejecuta o lleva a cabo, es decir es un acto no racionado, un tanto instintivo y se puede controlar, es decir un hábito es como el hacer muecas, rascarse e incluso mentir, que lo hacemos sin pensar, en muchas ocasiones un hábito es más una reacción que una acción.

Mientras que la costumbre, dice el diccionario que es un conjunto de acciones racionadas que le dan identidad a un pueblo y es justo ahí donde podemos entender que la lectura no puede ser un hábito sino una costumbre y que aquellas cosas que nos dan identidad, normalmente son cosas pensadas, planeadas y parte de nuestra vida consciente.

De modo que entendemos que cuando tenemos "malas" conversaciones, tenemos conversaciones que no son del todo racionales, sino un poco más orientadas a lo emocional, tenemos conversaciones que vienen desde nuestro estómago y no de nuestra mente o nuestro corazón, conversaciones como los chismes y las críticas que tienen que ver con nuestra opinión, nuestra circunstancia, pero no nuestro entendimiento.

Es por eso que la cita del día de hoy nos dice que cuando hablamos "a la ligera” e impulsado por nuestras emociones, rompemos con aquellos actos que nos dan identidad, permitimos que lo ocasional rompa con lo planeado y con lo establecido y permitimos que las cosas “se vayan dando” y aunque no lo hicimos con mala intención, simplemente dejamos que algo que no dominamos pase por encima de quienes somos y de lo que racionalmente somos.

Es por eso que Dios nos llama a tener cuidado con las cosas que hablamos, nos exhorta a no entablar cualquier conversación y a no hablar con cualquiera de los temas que son importantes y sobre todo nos llama a ser prudentes con nuestras palabras, para que siempre tengan la intención de edificar, redargüir y exhortar, así como lo hace Dios en todas las ocasiones y lo instruye a sus hijos y a sus siervos.

Piense que cada vez que hablamos de manera arrebatada y con las personas inadecuadas, perdemos un poco de nuestra identidad, hasta que no sepamos diferenciar entre nuestras emociones y la realidad, ¿lo ha pensado?

Es por eso que debemos de perseverar en nuestras costumbres cristianas, es decir en aquellos actos y pensamientos que nos hagan semejantes a Dios, de acuerdo a nuestra naturaleza y a nuestra creación, de manera que no corramos riesgo y podamos arrebatar los tesoros y las bendiciones que Dios tiene preparados para nosotros.

Rene Giesemann
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La Biblia: monoteísta desde un principio

Los críticos del siglo XIX cuestionaron la idea de que la Biblia sea consistentemente monoteísta. Hubo un continuo debate en torno a cuándo comenzó el monoteísmo en Israel, decían que había indicios de ello en tiempos de Abraham.

Asumiendo este marco evolutivo, los críticos del siglo XIX cuestionaron la idea de que la Biblia sea consistentemente monoteísta. Hubo un continuo debate en torno a cuándo comenzó el monoteísmo en Israel. Los más conservadores de estos críticos decían que había indicios de ello en tiempos de Abraham.

Otros decían que el monoteísmo no comenzó sino hasta el tiempo de Moisés. Algunos incluso rechazaban la idea de que Moisés fuera monoteísta, diciendo que el monoteísmo no empezó sino en tiempos de los profetas, tales como Isaías, alrededor del siglo VIII a.C.

Unos pocos eran aun más escépticos, y aducían que el monoteísmo no comenzó sino hasta después del exilio de Israel en Babilonia, convirtiéndolo en un desarrollo más bien reciente en la religión judía. Por lo tanto, la academia ortodoxa ha tenido que batallar durante los últimos cien y tantos años por defender la idea de la unidad de Dios en la Escritura.

Los argumentos ortodoxos sostienen que el monoteísmo estuvo presente en el comienzo mismo de la historia bíblica. Ya en el primer verso de la escritura leemos, “En el principio, Dios creó los cielos y la tierra”. La narración de la creación afirma que el Dios que se presenta en la primera página del Pentatéuco posee la creación entera como su dominio, no solo las limitadas fronteras del Israel del Antiguo Testamento. Dios es soberano sobre el cielo y la tierra, por haberlos creado con la palabra de su mandato.

Los críticos a menudo observan que en los primeros capítulos de la escritura hay una vacilación entre dos nombres para Dios. Por una parte, se le llama Jehová o Yahvé; por otra parte, se le llama Elohim. Ese nombre, Elohim, es interesante, porque el sufijo him es la terminación plural del pronombre hebreo, por lo que el nombre Elohim se podría traducir como “dioses”.

Sin embargo, si bien el nombre Elohim tiene una terminación plural, siempre aparece con formas verbales en singular. En consecuencia, el escritor estaba diciendo algo que no podría interpretarse como “muchos dioses”. Además, como observamos anteriormente, Dios se nos revela en los capítulos iniciales de Génesis como el único soberano sobre todas las cosas. Por lo tanto, pienso que quienes sostienen que el nombre Elohim señala hacia el politeísmo están arribando a una conclusión errada.

Cuando llegamos a Éxodo 20, el relato de la entrega de la ley, vemos que el primer mandamiento que Dios dio en el Sinaí era firmemente monoteísta. Dios dijo, “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (v. 3). Algunos dirían que este verso es una evidencia de henoteísmo, porque Dios está implicando que hay otros dioses, y el mandamiento declara que el pueblo no debe dejar que esos dioses lo superen a él; Dios debe ser la deidad principal en sus vidas. Pero el hebreo indica que cuando Dios dice “delante de mí”, quiere decir “en mi presencia”.

Su presencia, desde luego, es ubicua; él es omnipresente. Así que cuando Dios dice “No tendrás dioses ajenos delante de mí”, básicamente está diciendo que cuando una persona adora a cualquier cosa aparte de él, ya sea que esa persona viva en Israel, Canaán, Filistea, o cualquier otro lugar, se está involucrando en un acto de idolatría, porque solo hay un Dios.

El segundo mandamiento, por lo tanto, refuerza el primero con su prohibición absoluta de cualquier forma de idolatría.

Más adelante en el Pentateuco, encontramos una sorprendente declaración de monoteísmo. Se encuentra en el Shema, la antigua confesión israelita de su creencia en un Dios: “Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor es uno” (Deuteronomio 6:4).

En los libros proféticos, vemos una diatriba casi constante contra los falsos dioses de otras religiones. No se ve a estos dioses como deidades rivales, sino como ídolos inútiles. De hecho, es característico en los profetas burlarse de las personas que adoran árboles, estatuas, y otras cosas que han hecho con sus propias manos, como si un pedazo de madera pudiera ser habitado por un ser inteligente. Ellos ridiculizan de continuo el animismo y el politeísmo.

Estas declaraciones de monoteísmo son una extraordinaria dimensión de la fe del Antiguo Testamento debido a lo inusitado de tales afirmaciones en el mundo antiguo. La mayoría de las culturas de la antigüedad de las cuales contamos con registros históricos no eran monoteístas.

Algunos han sostenido que los egipcios fueron los primeros monoteístas debido a su adoración a Ra, el dios sol, pero hay algo único en el monoteísmo propio de la fe del Antiguo Testamento. La idea de que hay un solo Dios se estableció firmemente en la religión de Israel desde las primeras páginas del Antiguo Testamento.

RC Sproul
Dr. RC Sproul es un teologo y fue co-pastor de la Capilla de San Andrés en Sanford, Florida, canciller de Reforma Bible College . Es autor de más de un centenar de libros. RC Sproul es el fundador y presidente de Ministerios Ligonier
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¿Cómo es la vida de hijos?

Efesios 5:3-4 Palabra de Dios para Todos (PDT) Ustedes son el pueblo santo de Dios; por lo tanto, ¡entre ustedes no debe existir ni la más mínima indicación de inmoralidad sexual ni ningún otro exceso! Tampoco digan groserías, tonterías ni hagan bromas vulgares, pues no convienen; más bien, den gracias a Dios.

¿Sabe?, una de mis preocupaciones a diario es saber de qué manera vivir que agrade a Dios, y no con la intención de que esto desate más bendiciones a mi favor o de que Dios me dé cosas, en lo absoluto, sino con la firme intención de vivir una vida como mi pastor la llama “una vida gloriosa”, donde las victorias son algo constante, cotidiano, pero sobre todo parte de la fe y la manera de vivir de los hijos de Dios.

Y es ahí donde todo lo que hacemos se vuelve cuestionable, no porque sea malo, sino porque nos aleja de ser quienes Dios había planeado que fuéramos, sino porque nos aleja de ese proceso de perfeccionamiento el cual la biblia nos promete.

Y por el otro lado está aquello que sentimos, ¿lo ha pensado?, en mi diario caminar he aprendido que existen ciertas emociones que las palabras “convencionales” no pueden expresar y que el usar un cierto lenguaje, es hasta cierto punto “liberador” y es por eso que muchas personas suelen pasar su vida entera usando palabras “altisonantes” en su hablar y le llaman "su francés” o "su florido lenguaje”, cuando es en realidad un hablar lleno de emociones no controladas, ¿lo había pensado?

Las emociones son algo muy sano, de hecho Dios las creó, de hecho he aprendido en la biblia que las emociones son excelentes compañeras, pero pésimas líderes y muchas personas siguen a las emociones que pretenden liderar su manera de vivir.

En la biblia, esto se llama cuando una persona está “sujeta a sus pasiones” pues las dominan, y Dios nos dice que su espíritu pretende estar por encima de nuestras emociones al grado que podamos llamarnos a nosotros mismos como personas poseedoras de un “dominio propio”, al grado que la misma biblia declara que ¡aquel que domina su lengua (el instrumento de las emociones) es capaz de conquistar ciudades!

Eso quiere decir que entre más le permitamos al espíritu de Dios hablarnos y le pongamos atención, menos seremos dominados por lo que sentimos, lo cual como le repito no es malo, pero aquel que reacciona ante sus emociones pierde visión, pues no puede ver a largo plazo, solo ve tan lejos como su emoción se lo permite, ¿lo ha pensado?

Es por eso que Pablo el apóstol hablaba a quienes se entendieran como hijos de Dios y les dejó claro cual es el indicador acerca de las emociones y manifestó como alguien dominado por sus pasiones o sus emociones a quien vive en inmoralidad sexual, a quien vive en cualquier tipo de exceso, a quien habla con groserías, con tonterías, a quien haga bromas vulgares, pues son un indicador de su alto nivel emocional y espero no verme religioso ante su bajo nivel espiritual.

Esto es algo de lo que nadie estamos exentos, todos debemos revisar esto de manera constante y debemos perseverar en estar tan llenos de la visión de Dios de manera que no tengamos que recurrir a la emoción que nos invade ante no poder controlar el presente o dejarnos afectar por lo que nos rodea, sino mantener la vista puesta en las cosas que tenemos aseguradas en Cristo y las cosas que Dios nos ha hablado y podamos expresarnos de manera moderada, controlada, pero sobre todo edificante.

Insisto, a veces no sabemos que hacer, pues aunque no seamos las personas más expresivas en hablar mal o tener un a vida desenfrenada en lo carnal, solemos descansar en decir o hacer ciertas cosas, incluso nos atrevemos en pensar de cierta manera mal intencionada, pensando en que si no lo hacemos constantemente no es “tan malo”, pero la promesa y las medidas de Dios son distintas, y no es algo que nosotros debemos de hacer, sino es algo que debemos de permitir a Dios que haga en nosotros y que fructifique en nosotros, ¿lo ha pensado?

Le invito a que tome esta palabra, como yo la tomo y descanse en la promesa de Dios, permita que transforme todo lo que necesita hacer en nosotros y que brille al modo que lleguemos a ser intachables cómo él es intachable y seamos un auténtico reflejo de su gloria.

Rene Giesemann
www.redcouch.mx
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