Si no perdonas, no serás perdonado

Un motivo de gran gozo en la vida cristiana es la bendición de que Dios nos ha perdonado. Aquel gran bullo que antiguamente llevábamos ya no tenemos que cargarlo porque lo hemos depositado a los pies de la cruz de Cristo.

El día de nuestro bautismo fue el cumplimiento de la promesa de la Escritura de perdonar nuestros pecados y recibir el don del Espíritu Santo. De aquel día en adelante somos elegidos de Dios por haber la sangre de Cristo lavado todos nuestros pecados.

Al leer el pasaje de Mateo 18.23-35 nos enteramos que el perdón de Dios tiene su condición, que es perdonar a los que han pecado en contra de nosotros. Según el pasaje, sin perdonar a otros no seremos perdonados.

Es difícil perdonar
Nuestra reacción natural, cuando nos hacen algún daño, es pagar con la misma moneda, o sea, vengamos de la maldad que nos han hecho. ¿No dice el refrán: “Ojo por ojo, diente por diente”? Pero todo esto tiene que ver con la ley de la selva y no con la ley de Cristo. ¿Por qué, entonces, no perdonamos?

Una de las cosas que hacen que no perdonemos es que nuestro orgullo se interpone. El orgullo nos dice que el daño que nos han hecho no se compara al daño que haremos al malvado. El orgullo dice que somos superiores y como tal no admitimos que nos hagan mal sin recibir su merecido pago. Para perdonar es necesario hacer a un lado el orgullo y con humildad perdonar.

Otra cosa es que creemos que Dios espera que al perdonar también olvidemos de lo ocurrido. Pero no es asi. ¿Cómo se puede olvidar a un padre que abusa sexualmente a su hija por 20 años? ¿Cómo se puede olvidar a una madre que durante todos los años que tuvo niños pequeños se emborrachaba y como tal era irresponsable para con su familia?

Todo eso es imposible olvidarlo
La diferencia está en que al perdonar, prometo a Dios que jamás volveré a mencionar el daño o la maldad que me han causado. Es como si fuera un contrato entre el cristiano y Dios en borrar de la conversación el pecado que hemos perdonado.

El perdón de Dios
Al recibir el perdón de Dios el dia de mi bautismo, me regaló Dios la promesa que todo lo que hice de mal en el pasado lo canceló, borrándolo de mi registro. Al salir del bautismo, por la gracia de Dios, tengo la promesa que mis pecados han sido lavados por la sangre de Cristo- Eso no significa que tenga que bautizarme cada vez que necesito que mis pecados sean perdonados. Con el arrepentimiento y la oración, que Dios me perdone, ya es suficiente- Todo esto es un proceso de fe.
El perdón de Dios no es a medias. Cuando pedimos perdón a Dios, él nos lo concede sin distinción, o sea, sin llevar !a cuenta de la gravedad de algunos pecados cometidos. Por ejemplo: Miguel, un señor cristiano que conozco, antes de su conversión mintió y calumnió a algunas personas. También la misma persona, que ahora está en la prisión, cometió un homicidio.

Cuando Dios le perdonó sus pecados, borró de su registro lodos los pecados, aun los más serios. Para pagar su deuda a la sociedad, Miguel tendrá que cumplir su pena de 25 años en la prisión, pero delante de Dios ha sido totalmente perdonado- Sus pecados, según las Escrituras, los escondió Dios en lo más hondo del océano. Ya no hay en el libro de Dios ningún registro de los pecados de Miguel.
Nosotros somos más selectivos

Como seres humanos perdonamos a algunas personas y a otras no. También perdonamos algunos pecados de los que nos han lastimado sentimentalmente hablando, y otros pecados no perdonamos. Ya que en nosotros hay algo muy diferente que en Dios, solemos poner los pecados en categorías, por orden del mal que nos ha causado.

Perdonamos una mentira o una grosería, pero la misma persona no perdonaría un hurto o un acto de violencia. Parece algo tan natural y tan obvio que me cuesta hablar del tema. Igual que un juez que da una sentencia más suave a un ladrón que a un violador, nosotros también usamos el mismo criterio con nuestra manera de perdonar. Si el disgusto que nos han causado es grande, entonces no perdonamos, mas si es algo ligero no hay problema en perdonar.

Cómo diagnosticar su salud espiritual
Leí hace pocos días que la habilidad de perdonar rápidamente es una característica del cristiano maduro. Un espíritu de perdón caracteriza a los que han sido perdonados. Los que siempre se arrepienten delante de Dios también conceden su perdón hacia los demás. Ahora, los que se sienten imposibilitados de perdonar revelan quejamos han probado el perdón transformador de Dios, En realidad, aparte de nacer de nuevo, muchos no han aceptado el hecho de que sus pecados han sido perdonados y que Dios ya no se recuerda de ellos.

Entonces podemos decir que nuestra capacidad de perdonar pecados, así como la rapidez con que perdonamos puede ser el barómetro que mide nuestra salud espiritual. ¿Hay rencores en tu vida? ¿Sientes ganas de vengarte de alguien? Entonces necesitas leer más los Evangelios o el libro de Romnos para conocer que tus pecados han sido totalmente perdonados. Si ya eres cristiano y todavía cargas con e! bulto de la culpabilidad, queremos que sepas que lo que llevas contigo es algo innecesario y la sangre de Cristo ya lo ha redimido.

Cómo empezar tu vida de cristiano perdonado
Si tienes que perdonar a alguien que no has perdonado, he aquí algunas sugerencias que encontré en el libro “El perdón”, cuyo autor es Lewis Smides:

1. Admite que te han herido profundamente. Hay quienes fingen que la maldad de los demás les hace daño y dejan la impresión que pronto la olvidan, Pero la realidad es otra y llegan a enfermarse por lo que sienten. Hay otros, sobre todo los hombres, que creen que sus sentimientos son de acero y nadie los hiere. Pero eso no es verdad. La honestidad debe prevalecer aquí” y reconocer que has sido herido y que las cosas no van bien.

2. Decide no vengarte. Al aprender que, según las Escrituras, la venganza es algo que hace Dios, estaremos llevando nuestra vida aun rumbo diferente. Esto ya es un buen inicio, pues no se puede continuar pensando de la misma manera de siempre y al mismo tiempo esperar resultados distintos. Al tomar esta decisión tan importante, estamos a medio camino del perdón. Dejaremos que Dios sea el Juez y que se encargue del “malvado”. Nosotros continuaremos con nuestra vida.

3. Busca la verdadera persona detrás de la máscara. Había un sabio norteamericano que decía: “jamás he conocido a alguien que no me caiga bien”. Sucede que al conocer realmente a la persona que nos ha dañado veremos que no es tan mala como aparentaba. Como dice el refrán brasileño:
“Por detrás de toda cara fea se esconde un buen corazón”. En algunas situaciones el malvado estaba enfadado con otra persona, pero decidió atacarte a ti. Sólo te enterarás de la realidad si buscas conocer a la persona que tienes que perdonar.

4. Bendice al malvado y no lo maldigas. La única manera de lograrse esto es a través de la ayuda directa de Dios- No es posible que hagamos bien o que deseemos algo bueno a un malvado sin el poder del Espíritu Santo. Sólo con el amor de Dios se puede amar a los enemigos (Romanos 5.5). Podemos, con el amor de Dios amar hasta a los que nos hacen mal. Esto se logra pidiendo a Dios, quien nos dará el Espíritu Santo (Lucas 11.13).

5. Disfruta el gozo de una amistad que ha sido reparada. Entérate de que al conceder tu perdón a alguien, una de las consecuencias es reconciliarse con la persona cuya amistad se había acabado. Otra es que desde aquel momento que das tu perdón recibes de Dios perdón total.

Se debe festejar algo que está tan cerca del corazón de Dios; la reconciliación de dos personas.
Hay una anécdota, supuestamente narrada por Emest Hemingway, del padre que no se llevaba bien con un hijo adolescente, hasta el punto que el chico decidió marcharse de la casa. Su padre empezó a buscar a su hijo rebelde. Finalmente, al encontrarse en Madrid, como un acto de desesperación, el padre pone un anuncio en el periódico. El anuncio decía asi: “Querido Paco, encuéntrame frente al edificio del periódico al mediodía. Te he perdonado todo lo que has hecho. Con amor, tu padre”.
El día siguiente, al mediodía, frente al edificio del periódico, había 800 “Pacos” esperando. ¡Qué bello es el perdón!
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El poder del dominio propio

“Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.” Proverbios 16:32

Todos nosotros de una u otra manera somos sorprendidos y se nos despierta una admiración por los conquistadores, por gobernantes, generales de ejércitos. Toda esta gente es muy capaz, pero la palabra dice que mejor es el hombre que se enseñorea, domina, gobierna, que se apropia de su espíritu que el que toma una ciudad. Nos pueden asombrar los estrategas que han llevado a sus tropas a la victoria, pero la Biblia dice que mejor es el hombre que se enseñorea de su espíritu.

Tú puedes ser mejor que ellos. Enseñorearse del espíritu es algo muy importante, y a veces difícil. En ocasiones nos salimos de nuestras casillas, pero no debemos mantenernos así. Tienes que dominar su espíritu. La palabra enseñorear en hebreo es la palabra mashal, que significa dominar, gobernar, tener control.

“Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, que era judía, llamó a Pablo, y le oyó acerca de la fe en Jesucristo. Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré.” Hechos 24:24-25

Esta es la escritura que más me llamó la atención acerca del tema. La justicia de Dios, el juicio venidero, la fe en Jesucristo, son doctrinas básicas para el desarrollo de la vida cristiana. Cuando tu recibes a Jesús en tu corazón, el te justifica; te hace un hombre justo delante de los ojos de Dios. ¿Por qué el apóstol Pablo fue inspirado por el Espíritu de Dios a mencionar el dominio propio entre la justicia y el juicio? El habló de estas doctrinas, y le recomendó a estas personas a tener dominio propio, que es parte del carácter.

Dominio propio es dominarse a sí mismo. El Señor nos salva, pero el dominio propio hace que nos vaya mejor en el juicio venidero. Si nosotros queremos tener mejores juicios en la vida, deberíamos tener mejor dominio de nosotros mismos. Si no dominamos la boca, es obvio que carecemos de dominio propio. Si no dominamos la boca esta va controlar el resto de nuestra vida. El centro cerebral de la boca es de los más importantes porque controla otros centros cerebrales en el cuerpo, por esto es que aprendemos a hablar de último.

La palabra dominio propio en el griego es la palabra que se traduce para templanza en Gálatas 5:22-23. Esta palabra viene del griego ecrates, que quiere decir: fuerte, robusto, tener poder sobre, poseer, reinar, controlar, continencia.

Creo que no hay una persona que se logre controlar el 100% del tiempo de las veces, pero si que hay aquellas que lo hacen el 90%, y otros que ni al 10% llegan. Nunca discuta con enojados. No hay ningún enojado que diga que el otro tiene la razón.

Es importante entender que el Apóstol Pablo puso el dominio propio como una cosa de las más importantes que existen. Gálatas 5:23 dice que parte del fruto del Espíritu Santo es templanza. Un fruto que debemos de dar que llevamos a Jesús dentro de nuestro corazón, es la práctica del dominio propio. Siempre estamos viendo como poseemos algunas cosas, y todavía no hemos logrado poseernos a nosotros mismos, pero si lo logramos, vamos a lograr grandes cosas.

Una de las prácticas que traen el dominio propio es el ayuno. Dios lo dejó para que incremente nuestra fe. El ayuno no es para echar fuera demonios, sino para aumentar nuestra fe en el nombre de Jesús; este no es superior al nombre de Jesús. Cuando tu ayunas, te estas absteniendo de cosas buenas. Cuando ayunas tú dices no a lo que Dios te autorizó a hacer; a comer. Si aprendes a decir no a las cosas que no te son prohibidas, serás capaz de decirle no a las cosas que no te esta permitido hacer.

Cuando tu decides ayunar por tres días, tu carácter se fortalece, no solo en lo espiritual, si no que para decirle no a lo que es malo. La gente que tiene dominio propio sabe decirle no a sus derechos en determinado tiempo, para luego decirle si en el momento oportuno. Dominio propio es lo que hace que una empresa gaste menos de lo que gana, que tu presupuesto funcione, que no rompas una tarjeta de crédito y que la aprendas a usar, a que te sujetes a tus padres aunque creas que no tienen la razón. Dominio propio es parte del carácter de los buenos administradores. La compulsión es lo opuesto al dominio propio.

Un día, luego de ministrar a tantos jóvenes, mientras oraba, le pregunté al Señor por qué permitía que un joven o señorita desarrollara tan temprano. Le dije que la juventud es difícil. Todos nosotros en determinado tiempo empezamos a desarrollar. Llega el tiempo en que un joven es capaz físicamente de engendrar un hijo, y de que una señorita pueda dar a luz a un hijo.

El tiempo que un joven y una señorita pueden tener relaciones pero no deben; deben de contenerse. Le pregunté al Señor que por qué no encendía esa chispa una semana antes del matrimonio; esto haría la vida mucho más fácil. El Señor me contestó que este desarrollo ayuda a los jóvenes a ejercitar su dominio propio y desarrollar carácter. Esta oportunidad de que ya puedes hacer, pero no debes hacerlo, te da la oportunidad de desarrollar dominio propio en tu vida. Tú, como joven, te tienes que abstener de hacerlo, y los casados se tienen que abstener de hacerlo con más personas que no sean su cónyuge.

La carrera del dominio propio nunca termina. La falta de dominio propio en un momento determinado de tu vida puede ser lo que te esté haciendo pagar por algo a lo que le dijiste sí, cuando debías haber dicho no. El dominio propio es el que te dice “lo comienzo y lo termino,” “tengo que estudiar, no importa cuanto cueste y cuando me duela.” Es el que te hace llevar a tus trabajadores a mayores niveles. Debes ser dueño de ti mismo en todas las áreas de tu vida.

Yo tuve una tienda de ropa, tenia cientos de trajes a mi disposición. A mi me gusta la ropa, la buena, la fina, desde pequeño me enseñaron eso. ¿Sabe usted lo qué es para una persona que le gusta vestirse fino tener ese montón de trajes colgados? Yo podía tomar todos los que quería, pero nunca lo hice. Talvez usted puso su empresa, y lo primero que hizo fue darse lujos a usted mismo.

Usted no tiene una empresa, lo que tiene es una trabajo en el que gana más. Lo que usted quería era ganar más para gastar más, y por eso quebró su empresa. De todos los trajes que vendía yo tenía solo cuatro. Tengo muchos más ahora que cuando tenía la tienda.

El dominio propio es para no andar aparentando lo que uno no es. Hay una estadística que dice que en un barrio de gente acomodada solamente el 15% de esas personas pueden vivir allí, los demás viven aparentando y lo deben todo. El mundo de la apariencia es criminal y te puede llevar a hacer cosas indebidas a no ser que tengas dominio propio. Enséñalo a tu familia, a tus hijos, a tus discípulos. Si el dominio propio no aparece en nuestras vidas, nos vamos a perder de muchas cosas que pudimos tener. Cosas que por decir sí a algo a lo que debimos decir no echamos a perder todo.
“Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” 2 Timoteo 1:3-7
Ya Dios te ha dado el espíritu de poder, de amor, pero también de dominio propio, por lo tanto no tienes excusa. Tienes el espíritu de dominio propio y tienes que vivir de acuerdo a él.

En otras palabras el verso siete dice: El mantener un avivamiento en tu vida esta ligado al dominio propio. Dominio propio es el que evita que peques y apagues tu avivamiento. El dominio propio también hace que ese avivamiento cobre acción. Si tienes dominio propio, puedes vivir en avivamiento. Porque tienes dominio propio sabes que te puedes avivar. Pablo dice que el avivamiento de tu vida, el avivar el fuego de Dios en ti, depende de ti. Tú decides cuando avivarlo. Tu decides cuando apagarlo. Domínate y lo mantendrás encendido.

Conviértete en una persona que se enseñorea de su espíritu, y serás mejor que el que conquista ciudades enteras.

Cash Luna
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La promesa de la presencia divina

La temporada navideña evoca imágenes de escenas de pesebre, de cantantes de villancicos en ropa de invierno y de árboles adornados con aire festivo. Sin embargo, a pesar de toda la alegría de la fiesta, muchas personas encuentran particularmente difícil esta temporada.

El fin de otro año nos recuerda cuánto ha cambiado la vida, y las reuniones familiares les recuerda su soledad. La pérdida de un empleo o de un ser querido, deja un dolor profundo en sus corazones. Si bien ésta debe ser una época alegre del año, para muchos, no lo es.

Si usted está luchando con sentimientos de desencanto, quiero recordarle que Jesús vino a un mundo de grandes conflictos. No era sólo un mundo de malestar político, sino además de inestabilidad emocional y de frustraciones. El gobierno romano pudo haber promovido su Pax Romana —la paz de Roma— pero pocos tenían una sensación de paz permanente en sus corazones.

Para muchos entonces, como ahora, la paz y la esperanza eran condicionales; depositaban su confianza en las promesas hechas por los hombres y los gobiernos. Sin embargo, a pesar de lo detallada y estudiada que pueda parecer una lista de planes y objetivos, si éstos no están basadas en la verdad de Dios, se desmoronan bajo presión.

El gobierno romano no parecía interesado en un entendimiento certero de quién era Dios. Hasta los líderes judíos concebían a su Mesías como un gobernante militar; pensaban que la liberación que Dios les daría sería la libertad política. Pero Dios envió a Jesús para hacerlos libres de la esclavitud de su pecado. El Salvador no nació en un palacio, sino en un establo. No dirigió una rebelión, sino que mostró el camino para la paz, la esperanza y la seguridad eternas.

Dios con nosotros
Mateo escribió: “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros” (Mt. 1:23). Ésta es una verdad básica que tenemos que conservar siempre en la mente y en el corazón, porque es el principio fundamental sobre el cual descansa todo lo demás. La verdad es ésta: Dios está con nosotros. Este solo hecho puede y evitará los sentimientos de desánimo y de ansiedad. Este hilo de verdad está entretejido a lo largo del Antiguo Testamento; cada uno de sus libros escritos antes del nacimiento de Cristo apunta hacia la esperanza de Su venida. Y Su presencia es algo que podemos experimentar personalmente hoy.

Isaías escribió: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (9:6). La mayoría de nosotros sabemos que muchos de los nombres en la Biblia tienen ciertos significados. La palabra hebrea para Jesús es Yeshua, que significa “Jehová es salvación”. Jesús era “Dios con nosotros”. Fue llamado Jesús de Nazaret, para diferenciarlo de aquellos con el mismo nombre. Pero sólo hay Uno con la capacidad para redimir el pecado de Su pueblo: Jesucristo. La palabra “Cristo” en griego significa Mesías. Éste es el título que los discípulos le dieron al Señor. Lo llamaron “el Cristo”, indicando así que le reconocían como el cumplimiento de la promesa de Dios a la humanidad (Mt. 16:16). Ellos creyeron que la promesa de salvación estaba viva y caminando con ellos cada día.
A pesar de que el conocimiento de los discípulos era limitado, ellos entendieron que cuando estaban en presencia de Cristo, todo cambiaba. Las dificultades ya no eran insuperables, y los problemas se resolvían, a menudo de forma milagrosa. Él estaba con ellos, pero también con los que estaban sufriendo, y con los que estaban solos y anhelando su curación.

He conocido personas que han luchado con el desánimo, y yo mismo he tenido que enfrentarme cara a cara con él. Cuando parece que no hay alivio a la vista, lo único que cambia esta manera de pensar es la realidad de que Dios está con nosotros. No estamos solos. Él nos ama y se interesa por lo que nos sucede. Él cree en nosotros, aunque nosotros no creamos en nosotros mismos. Envió a Jesús para salvarnos, pero también lo envió para que estuviera con nosotros. Muchas veces pensamos que esto aparece sólo en el Nuevo Testamento, pero no es así. Desde las primeras páginas de Génesis, hasta las últimas de los profetas, encontramos un tema constante: Dios está con nosotros, y quiere darnos a conocer Su presencia.

Dios caminó con Adán y Eva. Dio un pacto a Abraham, hizo una promesa a Noé, se le apareció a Moisés en la zarza ardiente y fortaleció a Josué en medio de la batalla con estas palabras: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Jos. 1:9). Dios sabía qué estaba enfrentando Josué, y se daba cuenta que el joven comandante podría fácilmente sucumbir al temor. Moisés había muerto, y el peso del liderazgo estaba directamente sobre sus hombros. Pero Josué no iba a llevar la carga solo, porque Dios estaba con él. Ésta es la clave para nuestro éxito, como la fue para Josué. Fue el Señor quien dio a él y a la nación de Israel la victoria.

Aunque muchos tratan de modificar o de negar la verdad de Dios, ésta no puede ser cambiada. Él hará lo que ha prometido. Y, a través de la venida de Su Hijo, nos dice que está con nosotros; Él no está lejos, ni demasiado ocupado, ni absorto en otros problemas. Ve las dificultades que tenemos, y entiende el dolor que sentimos. Vino a la tierra para estar con nosotros. Por eso, si confiamos en el Señor, Él nos dará la dirección y la ayuda que necesitamos para salir adelante en nuestras dificultades.

La verdad inevitable
Hubo un tiempo en mi vida en el que me sentía totalmente solo. El peso de esta sensación me oprimía el corazón, y terminé diciéndole al Señor que la soledad me había vencido. Mientras pasaba un tiempo con Él ese día, sentí que el Señor le decía a mi corazón: “Yo estoy contigo, no te he dejado. Estoy aquí, y seguiré contigo”. Estas palabras transmitían la realidad de la Navidad —Dios con nosotros— y eso llenó mi corazón, hasta desbordar, con un nuevo sentimiento de esperanza.

Uno de los aspectos más maravillosos de Dios, es la manera como nos ama. Escucha el clamor de nuestros corazones —el que ni siquiera sabemos cómo expresar— y lo oye perfectamente. Cuando sufrimos, necesitamos saber que alguien se interesa por nosotros, y ese Alguien es Jesucristo.
Por tanto, al leer estas palabras, sepa que Dios está con usted. Él está caminando paso a paso a su lado. La Navidad es un recordatorio de que Dios no estaba satisfecho estando solo en el cielo. De que Él quiso venir a la tierra. De que quiere tener una relación personal con usted. Él es santo, pero desea tener el compañerismo suyo.

Cuando usted enfrente temores o aflicciones, sólo necesita saber una cosa, y es ésta: Dios está con usted. Esta verdad convierte al temor en valentía. Cuando usted se sienta débil, agotado y batallando con dudas, el hecho de que Dios está caminando junto con usted elimina el cansancio y lo transforma en una fuerza invencible. Cuando su fe sea tentada o puesta a prueba, el aliento de un amigo puede levantarle el espíritu, pero lo único que mantendrá firme su corazón en medio de una gran tormenta, es el hecho de que Dios está pendiente de usted. Él conoce sus necesidades, y ha prometido que nunca le dejará. David escribió: “Porque tú salvarás al pueblo afligido…Tú encenderás mi lámpara; Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas. Contigo desbarataré ejércitos, y con mi Dios asaltaré muros” (Sal. 18:27-29).

No tenemos que sucumbir a la ansiedad, ni escuchar la perversa voz de la soledad diciéndonos que no le importamos a nadie. Dios vino a vivir entre nosotros, en la persona de Jesucristo. Hoy, por la presencia de Su Santo Espíritu, tenemos al verdadero sentido de la Navidad viviendo en nosotros —Emanuel— la promesa de Dios dada a todos los que crean en Él. Estar conscientes de Su presencia es todo el consuelo que necesitamos para enfrentar cada problema con esperanza y una firme certeza. Porque Él está con nosotros.

Charles F. Stanley
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Disfrute la vida diaria

Todos nos hemos sentido decepcionados en algún momento, de hecho, sería raro que pasemos una semana sin experimentar algún tipo de desánimo. Son muchos los cristianos van por la vida devastados. Eso sucede porque no han aprendido a lidiar con el problema.

La voluntad de Dios no es que uno viva el día de hoy ni cualquier otro día, desalentado, devastado u oprimido. Cuando uno resiste al diablo Can pronto comienza a sentir desaliento y aprende a poner su Esperanza y confianza en Jesús, uno puede vivir en su paz y gozo parte del ministerio de Jesús en la tierra era ir bajo la unción del Espíritu Santo, liberan do a los oprimidos por el diablo. Este mismo poder esta disponible para nosotros hoy día. A través de Jesús, podemos batallar contra, los intentos del enemigo de abrumarnos. Si no lo reprendemos, él tratará de destruirnos.

Cuando el enemigo nos ataca, debemos mantenernos espiritualmente sintonizados de tal manera que podamos discernir lo que está tratando de hacer y echarlo atrás. Con el poder que Jesús nos dejó disponible, no le queda otro remedio más que salir corriendo. Deuteronomio 30:19 nos enseña que tenemos una alternativa:”A los cielos y la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”,

El gozo y la felicidad nacen de adentro
Cada día podemos escoger entre estar llenos de miseria o tener el gozo del Señor. Podernos ya sea escoger si vamos a escuchar al diablo y permitirle que nos haga sentir miserables, o si lo vamos a resistir para vivir en la plenitud de vida que Dios ha provisto para nosotros. Necesitamos tomar el Reino de Dios —la riqueza, paz y gozo que se mencionan en Romanos 14:17—por la fuerza Tan pronto se sienta desanimado, detenga al diablo. Debemos pelear la. “buena batalla de la fe” (1 Tim 6:12) en nuestra lucha diaria contra el enemigo, así como en nuestra mente v corazón.
He aprendido seis estrategias que necesitamos usar para derrotar a Satanás:

1.- “Piense con empuje y dinamismo. No se siente a esperar a que sus problemas desaparezcan. Planifique y haga una estrategia, como si se prepararse para una batalla, sobre cómo derrotar al enemigo.

2.- Ore fervientemente. Hebreos 4:16 nos instruye a acercarnos al trono de Dios confiada y audazmente. ¡Eso quiere decir agresivamente! No sea tímido con Dios. Confíe y dígale lo que necesita.

3.- Hable sin temor. I Pedro 4:11 nos dice. “si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da”. Como hijos de Dios, debemos tener una voz espiritual contra las fuerzas del mal.

4.- Dé en abundancia. La manera en que damos es la manera en que recibimos (lea Le 6:38).Ninguna ofrenda es muy pequeña ni muy grande. Dé como Dios da.

5.- Trabaje atentamente. Todo lo que nuestras manos toquen, debe ser con esfuerzo v empeño (vea Ec 9:10). No afronte las tareas con temor y deseos de escapar, Deje que el Espíritu termine la labor.

6.- Ame incondicionalmente. Como hijos de Dios, debemos amar a los demás como Dios nos ama, y eso significa de una forma sacrificada.

Usted puede aprender a defenderse contra la desilusión al enfocarse en Dios, meditando en sus promesas, confesando su Palabra, a-sí como presentando su situación ante El. No importa lo que haya perdido o lo mal que se sienta, usted tiene la capacidad de dirigir sus pensamientos hacia lo positivo o lo negativo.

Haga un inventario de lo que ha dejado, no de lo que ha perdido. Esto hace que mantenga su mente en el presente, donde Dios está. Recuerde. Jesús se llamó a si mismo el “Yo Soy “, no el “Yo era” ni el “Yo seré”.
El está aquí para usted. ¡Hoy es el día en que usted puede tener gozo!

JOYCE MEYER es una maestra de la Palabra y a autora de varios éxitos de ventas como: Controlando sus emociones. Serie ¡Ayúdenme! , El desarrollado un líder, La batalla es del Señor, Conozca a Dios íntimamente. Cómo oír a Dios y Adicción a la aprobación. Su programa “Disfrutando la vida diaria” se difunde mundialmente.
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Dios te está llamando ¿lo escuchas?

¿Alguna vez escuchaste la voz de Dios? Dios nos habla de diferentes maneras. Una de las formas en la que él nos puede hablar es a través de una voz interna. Esta voz nos habla y nos dirige en las cosas que debemos hacer. Dios también puede hablamos por medio de un sueño. Lo vemos en la Biblia, en la vida de José.

Puede hablamos por medio de alguien, como un predicador o un profeta que nos da un mensaje de parte de Dios. Otra manera es por medio de lo que leemos en la Palabra. Su palabra nos habla cada vez que la leemos y nos muestra qué dirección tomar en cada cosa que hacemos. Por supuesto, Dios puede hablamos con voz audible. En la Biblia leemos la historia de un joven que escuchó la voz de Dios. Sin embargo, no la reconoció.

En el primer libro de Samuel, en el capítulo 3, se nos relata la historia de Samuel. Los padres de Samuel lo llevaron desde temprana edad a que sirviera a Dios en el templo. Él fue entregado al servicio y la guía del sacerdote Elí. Éste se convirtió en su maestro. Samuel tenia un privilegio muy grande, ya que dormía en el templo al lado del Arca del Pacto, El Arca del Pacto era el lugar donde la presencia de Dios habitaba- Podríamos decir que Samuel dormía al lado de la presencia de Dios. ¡Qué joven tan privilegiado al dormir al lado de Dios!

Una noche, cuando Samuel se acostó para descansar, Dios lo llamó por su nombre. “Samuel, Samuel”, Dios le habló. Necesitamos entender algo, Dios nos llama por nuestro nombre. Desde antes que naciera, ya Dios te conocía por nombre y cuando te llama, lo hace por tu nombre. Esto es admirable, ya que hay billones de personas en la tierra y a cada una de ellas Dios la conoce por nombre, Tenlo por seguro que él te conoce y te llama por nombre.

En el momento en que Samuel escuchó su nombre, se levantó y se fue a presentar delante de su maestro. Se puso a sus órdenes y le preguntó si él lo llamó. Eli respondió que no, y lo mandó recostarse y descansar. La segunda vez, Dios volvió a llamarlo por su nombre. Samuel volvió nuevamente junto a su maestro y se puso a sus órdenes. Una vez más. Eli le comentó que él no lo llamó y que regresara a descansar. ASÍ pasó tres veces.

Lo que tenemos que observar es que Dios era el que llamaba y Samuel no lo conocía. A pesar de que a diario vivía al lado de su presencia, Samuel no conocía su voz. Lo triste de esto es que hay miles de jóvenes que viven en la iglesia, no se pierden ni una reunión y participan en todos los eventos eclesiásticos, A pesar de todo esto, no conocen la voz de Dios. Tú puedes pasar toda la vida metido en la religión y no conocerlo ni llegar a tener una relación correcta con Dios.

En la vida de Samuel tuvo que ocurrir algo para que él pudiera escuchar la voz. La Biblia dice que en 1 Samuel 3.18, que la Palabra se le reveló y fue iluminado. Tenemos que entender que la única manera de escuchar y confirmar la voz de Dios es por medio de su Palabra. No podemos vivir de una emoción que nos lleva a hacer cosas que pensamos que son de Dios y no están de acuerdo a la Palabra.

Me encontré con una persona que literalmente tenía un devocional intenso diariamente. Su devocional consistía de dos  horas de oración diarias y una o dos horas de lectura, las veces que tenía tiempo para leer. Hablando con él me di cuenta que era un joven muy lleno de emociones, no de convicciones. Todo lo que él hacia estaba basado en lo que sentía que Dios le decía. La verdad es que entre más conversaba con él más me daba cuenta que le faltaba mucho conocimiento de la Palabra de Dios. Él tenía tantas dudas sobre su estilo de vida y decisiones, como qué tenía que hacer el noviazgo. la carrera, el futuro, los estudios, las metas, etc. Me di cuenta que Dios lo estaba llamando, pero el no distinguía su voz. Todo lo que Dios nos dice debe estar respaldado por su Palabra. Es la razón por la cual nos la dejo, para que pudiéramos usarla, entenderla y escuchar su voz. Samuel no entendió que Dios lo llamaba hasta que tuvo una revelación de la palabra divina. Tú no podrás escuchar a Dios y ser guiado por él hasta no tener la reveladón de su Palabra.

¿Qué fue lo que pasó después que Samuel tuvo esta revelación? Vemos que entendió que el que lo llamaba era Dios. Pudo reconocer la voz divina. Desde ese momento. Dios le permitió a Samuel llegar a ser su profeta. Alguien que entendió lo que Dios quería para su vida-Vemos que Samuel llegó a ser uno de los profetas más reconocidos del Antiguo Testamento y una persona muy respetada por todos.

Él fue clave para que el propósito de Dios se llevará a cabo en su tiempo. Dice la Biblia que él creda en gracia día a día y Dios prosperaba todo lo que él haría.

Estoy convencido de que Dios quiere que tú escuches su voz para este tiempo. El problema es que Dios te habla, sin embargo tú vas a otros lugares a buscar su voz. Samuel fue varias veces a Eli preguntando si él lo llamaba.

Quizás estás buscando oír la voz de Dios y sigues preguntado a profetas, pastores, maestros, líderes o evangelistas si ellos tienen un mensaje de Dios para ti. Quizás buscas escuchar a Dios solamente en el campamento de verano, en la convención, reunión, campaña evangelistica, etc. Sin duda, Dios usa a nuestros líderes y ministros para damos un mensaje, pero tenlo por seguro que él te está hablando diariamente por su palabra. Él está a tu lado día tras día y te llama por tu nombre. Lo único que tienes que hacer es encontrar a Dios por medio de su palabra revelada a tu vida (1 Samuel 3.21).

Victor Cárdenas
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Toma control de tus pensamientos

El campo de batalla es nuestra mente. Satanás, nuestro enemigo, sabe que sí él puede ganar en el área de nuestros pensamientos, nos tiene cautivos.

Pero podemos tomar control y rechazar en el Nombre de Jesús todo pensamiento que nos va a ensuciar. A lo mejor has oído el dicho, “No puedes evitar que un pájaro vuele sobre tu cabeza pero si puedes evitar que haga nido allí”. Ten cuidado con lo que ves, a través de la televisión, las películas, videos, revistas, etc. y así evitarás muchas de las batallas en tu mente.

La decisión firme de no cometer fornicación, ni otro pecado sexual, tiene que ser hecha ANTES de estar en el calor de la tentación. Si no has hedió una decisión antes en tu mente y con tu espíritu, la pasión del momento hará la decisión. Tus emociones controlarán a tu voluntad, pero para un Joven que desea honrar a Dios, es lo opuesto: su voluntad controla a sus emociones.

Hay una promesa maravillosa de Dios en el área de nuestros pensamientos. * ‘Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas… llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo “. (2 Co. 10 :4,5)

Escucha estos cuatro pasos:
Siembra un pensamiento, cosecha mi acto. Siembra un acto, cosecha un hábito. Siembra un hábito, cosecha un estilo de vida. Siembra un estilo de vida, cosecha un destino. Estos pasos funcionan para bien o para mal.

  1. Siembra un pensamiento sano, cosecha un acto sano.
  2. Siembra un acto sano, cosecha un hábito sano.
  3. Siembra un hábito sano, cosecha un estilo de vida sano.
  4. Siembra un estilo de vida sano, cosecha un destino santo.

Tú, joven, has sido llamado a un destino alto, un destino de hacer grandes cosas en el Reino de Dios. No has sido llamado a la mediocridad, sino a la excelencia. Y esto empieza con tus pensamientos.

¿QUE HACER SI YA HE PECADO?
Si fuiste culpable del pecado sexual antes de recibir a Cristo como tu Salvador, necesitas reconocer que la Biblia dice, “De modo que si alguno está en Cristo nueva criatura es; ¡as cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. (2 Co. 5:17). Toda tu vida pasada está bajo la sangre de Jesús, enterrada en lo más profundo del mar. Pon un aviso al diablo, “‘No se permite pescar en este mar”. El quisiera atormentarte haciéndote recordar tus pecados del pasado, pero no se lo permitas.
Si tú dices, “Pues, yo caí en pecado después de mi salvación; ¿Qué debo hacer?”

1. Enfréntate a ti mismo y confiesa tu pecado. David dijo, “Contra tí he pecado… “Sal. 51:4. El no hizo excusas por sí mismo, no dijo, “Todos lo están haciendo” o “Todos somos débiles”.
Proverbios 28:13 dice, “E! que encubre sus pecados no prosperará; mas el que lo confiesa y se aparta alcanzará misericordia”. Aquí encontramos el segundo paso.

2. Apártate del pecado, abandónalo.

3. Busca el perdón de otros. Si tú, joven, has pasado la línea de lo correcto con una muchacha, ve con ella y pídele perdón, prometiéndole que jamás volverá a suceder.

4. Perdónate a ti mismo 1 Jn. 1:9 dice, “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel’ y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad . Si Dios me puede perdonar, yo puedo perdonarme a mi mismo.

Victor Ricardo
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¿Que es la pureza sexual?

La pureza sexual es mucho más que no cometer fornicación. Es mucho más que no ser un homosexual, ni una lesbiana. La pureza sexual empieza con los pensamientos. Tal vez tú estás diciendo, “Yo nunca he cometido fornicación con una chica”. Pero ¿qué tal de las fantasías? ¿La pornografía? ¿Las caricias? ¿La lujuria? ¿La masturbación?

Hay una palabra muy interesante en 1 Tesalonicenses 4:3-6. Primeramente San Pablo dice, “La voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación (relaciones sexuales fuera de/matrimonio); que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a DÍOS; que ninguno ¿agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto… “

La palabra “agravie” en el griego significa, “provocar deseo sexual en otro que no pueda satisfacerse en santidad”. Muchas señoritas no entienden cómo Dios hizo al varón. El se excita sexualmente por lo que ve, y por lo tanto, la muchacha cristiana debe tener mucho cuidado con la forma en que se viste y que se arregla.

NO estoy diciendo que ella tiene que vestirse como su abuelita del siglo pasado, pero si estoy diciendo que necesita vestirse en una manera modesta y femenina. Si se viste en una forma provocativa, posiblemente ella será culpable de prender en el muchacho un fuego que no se puede satisfacer en santidad. Ella es tan culpable del pecado como el joven con pensamientos pecaminosos.
Pregúntate, señorita, “¿Deseo yo provocar amor y respeto del sexo opuesto? o ¿quiero yo provocar lujuria?” Hay una gran diferencia. Si guardas tu sexualidad para el día de tu boda, puedes beber hasta vaciar la copa del amor físico y agradar a Dios haciéndolo.

DOS MITOS:
Es un mito y una mentira del diablo que el varón necesita experimentar con el sexo antes del matrimonio y así no ser torpe o ignorante la noche de la boda. Esto es basura directamente del abismo.

Otro mito popular es que es una falta de hombría no tener relaciones sexuales antes de, o aparte del matrimonio. Un verdadero hombre es aquel que tiene el carácter y valor de decir “No” al pecado.

LECCIONES DEL JOVEN JOSÉ:
José, un joven en el libro de Génesis, es un buen ejemplo de un verdadero hombre. E! capítulo 39 registra la historia de cuando él estaba en la tierra de Egipto, lejos de su familia y lejos de sus amigos. José era un esclavo en la casa de Potifar, un oficial del gobierno. Dice la Biblia , “y que todo lo que él (José) hacia, Jehová lo hacia prosperar en su mano”. (vs. 3).

Versículo 6 relata que José era “de hermoso semblante y buena presencia”. Una versión dice que José era guapo y fornido. Podemos imaginar que Potifar era un señor grande y muy ocupado en sus negocios, tan ocupado que no prestaba mucha atención a su esposa, quien probablemente era mucho más joven que él. La Biblia es bien franca y dice, ‘ ‘Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en fosé, y dijo Duerme conmigo’:

(v. 7) El la rechazó, pero ella no se daba por vencida fácilmente. Versículo 10, nos cuenta que “día tras día ella le habló”. ¡Qué presión y qué tentación para un empleado resistir a su patrona rica e indudablemente bonita! Pero quiero que te fijes en la contestación de José. “¿Cómo puedo pecar contra mi Dios?” Dios era más importante para él que su trabajo o un placer momentáneo. En este momento, José huyó.

La Palabra de Dios a tí, joven, y a todos nosotros es: “Huid también de ü fornicación”. (1 Co. 6:18) y “Huye también de las pasiones juveniles”. (2 TÍ. 2:22). No es cobardía ni señal de debilidad correr de una situación de tentación, es SABIDURÍA.

La decisión de José le costó, porque cuando Potifar llegó a la casa, su esposa le contó que José había tratado de violarla y como prueba, ella tuvo en sus manos e! saco del joven. El viejito, furioso, mandó a José a la prisión. Por haber dicho “No”, José cayó en la cárcel, pero a la vez, Dios le bendijo. ‘Jehová estaba con José, y ¡o que é/ nacía, Jehová lo prosperaba “.

Un firme compromiso con tu Dios es la única cosa que te dará la fuerza de decir “No” cuando enfrentas a la tentación sexual cara a cara. ¡Por hacer decisiones difíciles hoy, mañana tendrás la bendición de Dios sobre tu matrimonio!

Había otro hombre en el Antiguo Testamento que no sabia decir “No”. Encontramos a Sansón diciendo “Si” a la tentación sexual cuatro veces. Ambos, José y Sansón, cayeron en la prisión, pero José fue de la prisión al palacio y Sansón fue de la prisión al panteón.

El murió en manos de sus enemigos. No seas como Sansón y permitas a tu carne llevarte a la prisión del pecado y después al panteón espiritual.

“No quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron e! mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni forniquemos, como algunos de e¡/os fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil”. (I Co. 10:1,5,6,8).

Los hijos de Israel no entraron en la tierra de Canaán por el pecado sexual, entre otras cosas. Y tú serás robado de entrar en tu herencia total, en tu Canaán, que es la vida de victoria y abundancia, si no tienes a tu sexualidad bajo el control del Espíritu Santo.

Victor Ricardo
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El virus y el disco duro

EL Titulo del correo electronico decia: “Mi foto de niño”, y el remitente era un amigo conocido, así que procedí a abrir la foto que, al parecer, venía adjunta. Después de un minuto, no sucedió nada. Pensé que era una equivocación y simplemente cerré el correo. No había mensaje ni foto. Sin saberlo, había hecho lo que muchos hacemos por desconocimiento: había importado un virus a mi computadora. Me enteré de esto cuando nuestro experto en computadoras me dijo que el disco duro tenia un virus que estaba causando problemas.

Me explicó las distintas maneras que un virus puede entrar. Después de escucharlo, recordé el mensaje engañador que liabía llegado aquella vez cuando un amigo al parecer me había mandado una foto. De la misma manera, el enemigo se dispone a enviarnos “correos” engañadores, para introducir una variedad de virus que nos dañan el corazón, los pensamientos, el ánimo y la vida misma, si se lo permitimos. A veces, el diablo manda virus para atacar nuestro disco duro y hacernos daño. Un virus es un programa que se adhiere a un archivo o aplicación parcial o total, y causa que la computadora haga cosas que uno no desea. Son como el “‘catarro” o “la gripe” de las computadoras.

Un virus tiene habilidad de duplicarse sólo. El fin de esto es que se duplique, ultiplique y cause mas daño a más computadoras. Lo interesante de los viruses que la mayoría de ellos requiere de una acción por parte de la persona que lo recibe, a fn de establecerse dentro de h computadora del individuo Es decir, para que entre en la computadora, uno tiene que abrir un archivo, recibir y abrir un correo electrónico o autorizar la aceptación de un documento infectado.

Encontré muy interesante este punto, porque el enemigo diseño los virus para que entren en el corazón de la misma manera, porque entran cuando existe una acción de nuestra parte que les da entrada. Quizá experimentamos un rechazo de parte de alguien que queríamos mucho. Al rechazarnos, el enemigo se encargó de que nos entrara ese virus al corazón y nos infecta para la autoestima. Luego de eso, pensamos que somos indignos del amor de las personas y que siempre seremos rechazados. Otros «paquetes» que utiliza el enemigo son los medios que permitimos entrar por nuestros ojos y oídos.

Luego de escuchar y ver algo de impacto, el enemigo lo puede usar para cambiar el programa original, Después de un tiempo, sin darnos cuenta, hemos ido cambiando el archivo del programa original. Satanás es muy astuto en cómo introducir los virus en tu vida. No es escandaloso, sino codo lo contrario, lo hace sutilmente para que ni ¿quiera uno se de cuenta de lo que esrá sucediendo. Nunca se cansa de buscar nuevas formas de atacamos y limitar nuestra eficiencia y triunfo.

Desde pequeños, el enemigo comenzó a introducirnos una serie de virus en el corazón para cambiar el programa original. No quiso que nos enterásemos que Dios nos había programado para el triunfo. Podríamos hablar de sus virus de mentira. desilusión, traición, engaño, abandono, ofensa, tristeza, soledad, enojo, codicia, enfermedad, calumnia, amargura, duda, lástima propia, odio, preocupación y muchos más. Satanás es el autor de la destrucción. La Biblia dice que el sólo vino a matar. robar y destruir (Juan 10:10).

No tiene ninguna otra agenda más que destruir tu disco duro, robarte las bendiciones que Dios preparó para ti antes de la fundación del mundo y matarte. Pero Dios nos dio un sentido de propósito, conquista y triunfo.

El ha escrito el antivirus poderoso que nos mantendrá el programa original. La Palabra de Dios declara; «Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él» (Proverbios 22:6). Instruir a nuestros hijos en la Palabra de Dios es el perfecto antivirus que los protegerá de ser infectados por los v’irus que envía el adversario.

Marcos Witt
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Yugo desigual= infelicidad

Uno de los motivos mas recurrentes por los que me piden consejería es precisamente éste. Por esta razón y para ahorrarme tiempo, prefiero dejarles mi respuesta en forma masiva. Muchas veces me dicen:

-Pastora, mi novio es muy lindo y creo que tal vez pueda llegar a ser cristiano.
– Pastora, estoy seguro que una vez casados la ganaré para Dios, será mi perlita!!

En fin, mil frases románticas defendiendo su proyecto de vida con un incrédulo. Vamos a ir a la palabra de Dios paso a paso y a conversar este asunto con la seriedad que merece. Si realmente amas a Dios sobre “todas las cosas”…. y sobre todas las personas, entonces estarás dispuesto o dispuesta a obedecer su maravillosa palabra y las ordenanzas que ha dejado para nosotros en ella.

Por otro lado, es lo que mas te conviene pues nadie mas que el quiere que seas feliz y camines por el camino perfecto que El ha trazado para tu vida. No hay nada mas terrible para mi, que recibir las consultas de hombres y mujeres que han equivocado la elección al minuto de contraer matrimonio. Vidas completamente destrozadas…

Se que tu, quieres ser feliz… y tal vez te preguntas: ¿DONDE ENCONTRARE A UNA BUENA ESPOSA?

Aquí tienes la respuesta:

Proverbios 19:14 La casa y las riquezas son herencia de los padres; Mas de Jehová la mujer prudente.
Dice este pasaje que Dios tiene como herencia para ti una mujer prudente, esto es, una mujer maravillosa, creada a causa tuya.

Mira lo que dice la Biblia acerca de casarse equivocadamente:
Proverbios 21:9 Mejor es vivir en un rincón del terrado, Que con mujer rencillosa en casa espaciosa.

Esto es aplicable a ambos, a el y ella, si uno de los dos es rencilloso, amargado, nada le complace… va a atormentar la vida de su cónyuge. Ninguno puede decir… cambiará con el matrimonio!! Aunque, si …”muchos cambian” …para peor!

No puedes buscar a tu pareja en el mundo y esperar que sea una bendición a tu vida, pues una persona que no ama ni sirve a Dios no tiene los atributos necesarios y validos para hallar la felicidad.

Proverbios 31:30 Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.

Entonces, por mas graciosa o gracioso que sea la persona que amas, por mas atractivo o hermosa que te parezca, esos no son argumentos validos ante Dios ni su palabra, sino… aquella persona que teme a Dios. Se que muchos han querido quitar este pasaje de la Biblia , pero tengo una mala noticia para ti… aun sigue allí y no saldrá de ese lugar:

2 De Corintios 6:14-17 No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?

¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré,
Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso
Amados jóvenes, a Dios no le gustan las mezclas!

Deuteronomio 22:9 No sembrarás tu viña con semillas diversas, no sea que se pierda todo, tanto la semilla que sembraste como el fruto de la viña. No ararás con buey y con asno juntamente. No vestirás ropa de lana y lino juntamente.

Si es así de detallado en su palabra, porque piensas que haría una excepción con tu relación? Ahora, vamos a ver otros pasajes clarísimos, pues se bien que el pasaje mas usado es aquel que habla del yugo desigual, pero como buen ser humano, quieres mas “evidencia” verdad?

Éxodo 34:14-15 Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es. Por tanto, no harás alianza con los moradores de aquella tierra; porque fornicarán en pos de sus dioses, y ofrecerán sacrificios a sus dioses, y te invitarán, y comerás de sus sacrificios;  o tomando de sus hijas para tus hijos, y fornicando sus hijas en pos de sus dioses, harán fornicar también a tus hijos en pos de los dioses de ellas.

Esta claro eso? Pero aún tenemos mas que conversar!

Deuteronomio 7:1-4 Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y más poderosas que tú, y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia.

Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo.  Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto.

Vean el versículo 4, esto es el golpe de reacción que necesitamos cuando decimos: -cuando nos casemos iremos juntos a la iglesia!!! Dios conoce todos nuestros caminos y nos advierte: 7:4 Porque desviará a tu hijo de en pos de mí.

Finalmente quiero dejarte meditando en esto:

Josué 23:11-13 Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios. Porque si os apartareis, y os uniereis a lo que resta de estas naciones que han quedado con vosotros, y si concertareis con ellas matrimonios, mezclándoos con ellas, y ellas con vosotros,sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros, sino que os serán por lazo, por tropiezo, por azote para vuestros costados y por espinas para vuestros ojos, hasta que perezcáis de esta buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado.

Amados jóvenes, comencé este artículo comentándoles lo duro que es ver sufrir a consagrados hombres y mujeres que han elegido mal en su matrimonio. Soñando, quizás como tu lo estas haciendo ahora… “cambiará cuando estemos casados”… Pero debo advertirte que si hay algún área donde el diablo disfruta que elijas mal; es en la persona que pasará contigo el resto de sus días.

Si te equivocas, será tal como anuncia esta palabra…. Lazo, tropiezo, azote y espinas a tus ojos.
No cometas un error tan grande!

Te ruego que tomes tiempo en oración y pidas a Dios fortaleza si has venido caminando en forma desobediente en esta área.

Mateo 6:33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Que Dios y su maravilloso reino sean prioridad en tu vida!

Ministerio Un vaso más fragil
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¿Que caiga fuego o que sobreabunde amor?

El siguiente es una análisis de la reprensión a Jacobo y a Juan encontrada en Lucas 9.51–56. El artículo se centra en la posición de Jesús ante la actitud de dos de sus discípulos. El autor analiza el relato versículo a versículo para ayudarnos a descubrir las valiosas enseñanzas encerradas en este pasaje.

La confesión de Pedro que declara bajo inspiración divina, que Jesús es el Cristo, declaración osada que contrasta fuertemente con el primer anuncio de su pasión. La Transfiguración, en la que tres de sus más íntimos discípulos vislumbran lo que es la gloria celestial de su Maestro. La demostrada inmadurez de sus más cercanos colaboradores, puesta de manifiesto en pequeñas viñetas sucesivas. Después de todos estos acontecimientos, Jesús inicia su viaje definitivo a Jerusalén para enfrentar su destino. Lo empieza atravesando la región de Samaria, cuyos habitantes mantienen una antigua enemistad con los judíos que se remonta a la invasión asiria, ocho siglos atrás.

51. «Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén».

Se acercaba el tiempo en que la misión para la cual había venido Jesús a la tierra debía alcanzar su culminación. Esto es, la hora en que debía cumplirse su sacrificio, el bautismo de fuego con que debía ser bautizado. Jesús dijo en otra ocasión que él ardía de deseos para que se cumpliera (Lc.12.50). Él había venido para eso, no para otra misión. Lo demás era secundario: enseñanzas, milagros, no tenían la importancia de lo que ahora debía realizar, la inmolación de sí mismo. (1) Se pensaría que Jesús más bien debería evitar la aproximación de esa hora, que debería tratar de postergarla, como hacemos todos cuando tenemos que enfrentar una experiencia desagradable, alargar el tiempo de espera. Pero no él. Él tiene un propósito en mente, una meta y quiere cumplirla cuanto antes.

Sin embargo, era algo muy costoso en términos humanos; como hombre Jesús tenía que armarse de valor para ir al matadero. Por eso dice el texto que «afirmó su rostro»; es decir, se reafirmó en su decisión sobreponiéndose a su resistencia, a su repugnancia humana frente al sacrificio. (Compárese con Is 50.7).

El texto dice «se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba». No todo era, en verdad, trágico y difícil en lo que tenía por delante. Detrás de la prueba venía la liberación, la recompensa. Cumplido el sacrificio él sería recibido arriba, esto es, retornaría a su Padre. ¡Qué mayor gozo que ese! ¡Qué mayor alegría! La frase nos hace pensar en la impaciencia que mostró Jesús frente a la incredulidad de las multitudes: «¿Hasta cuando he de estar con vosotros, hasta cuándo he de soportaros?» (Lc 9.41). Como si dijera: «¿Hasta cuándo durará mi destierro?» Porque para él estar en la tierra, por mucho que amara a sus discípulos, era un verdadero exilio. Él ansiaba verse libre de las cadenas de la carne que lo limitaban. Su espíritu gemía al verse rodeado de gente tan mezquina y malévola. Pese a toda su compasión, la maldad humana le asqueaba.

Venir a la tierra había significado para Jesús un terrible sacrificio. Era un sacrificio no sólo a causa de las torturas y del suplicio final, sino por el hecho de haber tenido que convivir durante todo el tiempo de su permanencia entre nosotros. Él tuvo que convivir con nuestra miseria, y con nuestro mundo de maldad, como si fuera uno más. Imaginémonos estar encerrados durante años en un penal, en el pabellón de los peores malhechores y tener que compartir celda, alimentos, suciedad y ocio con ellos. Comparados con la santidad y pureza de Jesús nosotros somos aun más malos que los más avezados criminales.

Esto era también necesario, como dice la epístola a los Hebreos: «Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo… Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos… para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto Él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados» (He 2.14, 17, 18; véase también 4.15). Pero era muy penoso para él asemejarse en todo a nosotros para salvarnos, y asumir nuestro pecado como si fuera propio.

Porque ¿quién de nosotros, por mucho que ame a los perros, en su afán de salvarlos querría asumir la naturaleza de perro, despojándose de su naturaleza humana, para ser despedazado por los mismos perros que vendría a salvar? (Fil. 2.6–8) ¿Podemos imaginar lo que significó para Jesús hacerse hombre y morir a manos de hombre?

He aquí el verdadero significado de la «kenosis»: dejar de ser lo que era, la suma perfección y santidad y el gozar de la dicha plena al lado del Padre y de los ángeles. Todo esto para asumir un estado, una naturaleza torcida muy inferior. ¡Qué bien lo captó Pablo cuando escribió ese bello himno en Filipenses, pero cuánto nos cuesta entenderlo! ¡Oh, cómo no hemos de estar agradecidos a Jesús por lo que hizo por nosotros! ¡Su vida entera fue una pasión, no sólo las últimas horas!

¡Gracias, Jesús, por hacerme entender cuánto te costó hacerte mi hermano, descender a mi miseria y abrazarla! ¡Oh, qué sublime sacrificio! Yo sería incapaz de abrazar a uno de esos vagabundos asquerosos cubiertos de suciedad y de negrura que rondan por los mercados. Pero tú al hacerte hombre no sólo abrazaste a uno de esos inmundos sino que te hiciste su compañero, te cubriste de su suciedad y de su negrura, te hiciste uno con él. ¡Oh Jesús! ¿Cómo pudiste hacerlo? ¡Yo soy ese vagabundo nauseabundo del que todos huyen, que todos evitan con muecas de asco! ¡Cómo pudiste vencer tu repugnancia! ¡Me amaste y me besaste y te pusiste mis harapos para limpiarme! ¡Oh, Jesús! ¿Cómo podría pagarte? ¿Cómo devolverte el bien que me hiciste?

«Sí puedes hacerlo; puedes pagarme, amándome. Como dicen los hombres: amor con amor se paga. Yo lo hice por amor a ti, para que tú me ames. Tú me ignoras muchas veces, me vuelves la espalda y no sabes lo que siento, pero yo tengo sed de tu amor. Y porque yo te amo he venido para quitarte tus harapos y darte mi gloria y hacerte como soy yo. Porque para eso vine, para salvarte y elevarte hasta mí».

52. «Y envió mensajeros delante de Él, los cuales fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos».

El Señor envía mensajeros que le preparen su llegada. ¿Qué quiere decir que se hagan preparativos? ¿Qué él deseara que se le diera un tratamiento, una recepción especial? Evidentemente él era un personaje. Viajaba rodeado de una comitiva y por eso era necesario que se previera dónde podían acomodarse para pasar la noche. No podían quedarse a la intemperie. Pero seguramente el hospedaje en las casas de uno o dos ambientes de los campesinos sería muy simple. Quizá únicamente un lugar en el suelo dónde extender la alfombrilla de estera para dormir que llevaban siempre consigo, como algunos de nuestros campesinos. Pero también debía haber comida para el grupo que incluía a algunas mujeres junto con los hombres. ¿Cuántos serían en total? Por lo menos una veintena, quizá más.

El Señor envía mensajeros. No es el único lugar en la Biblia donde Dios envía mensajeros que le precedan. El más conocido es el caso de Juan Bautista predicho por Malaquías: «He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti» (Mr 1.2; Mal 3.1). Su misión había sido preparar los corazones para la venida del Señor.

¿Predicaría Jesús a los samaritanos en esa ocasión? Ya lo había hecho en Sicar al comienzo de su vida pública (Jn 4), y de seguro no descuidaría esta nueva oportunidad de hacerlo. Él parecía tener un afecto especial por los samaritanos. Así lo muestra no sólo el episodio de la samaritana y la conocida parábola (Lc10.25–37), sino también el hecho que él destaque que fuera un samaritano el único leproso sanado que vino a darle gracias en el episodio que narra Lucas más adelante (Lc17.18).

¿Por qué tendría Jesús especial interés en los samaritanos? Porque eran despreciados, odiados por los judíos. A los que la mayoría odia, Dios los ama con un amor particular. Ser odiado, estigmatizado, marginado, es un signo de distinción delante de Jesús. ¿Eres tú un marginado? ¿La vida te ha empujado fuera del camino? Dios tiene un cariño especial por ti. Él te distingue y quiere honrarte.

Con su preferencia por los samaritanos Jesús confirma su rechazo a las exclusiones soberbias y sectarias. Jesús no le dijo a la samaritana que era el templo de Jerusalén el escogido por Dios y no el de Samaria. Más bien dijo que en ninguno de los dos montes se le adoraría en adelante, sino en el templo del corazón humano en que habita el Espíritu Santo. (2) Esto es, que cada hombre es un templo de su gloria. ¡Mírate a ti mismo, hombre miserable!, si la sangre de Cristo te ha limpiado, ¡tú eres un templo glorioso!.

53. «Mas no le recibieron, porque su aspecto era como de ir a Jerusalén».

De nada le sirvió a Jesús tener esa actitud de acercamiento con los rivales de su pueblo, esa simpatía especial por ellos. Los samaritanos de la aldea se dan cuenta de que la comitiva se dirige a la odiada Jerusalén y no quieren saber nada con ellos. «¡Que se vayan a otra parte! ¡No los queremos aquí!» Si se encaminaran a otro lugar serían bienvenidos. El sentido de rivalidad era más fuerte que la obligación de brindar hospitalidad, tan habitual entonces.

¡Cuántas veces nosotros nos portamos de manera semejante! Incluso entre cristianos. La forma cómo protestantes y católicos se excluyen mutuamente es un caso típico. ¡Quién sabe si el Espíritu Santo inspiró a Lucas a escribir estas palabras teniendo en mente esa antipatía mutua! Son hermanos, pero niegan serlo. Es la clásica rivalidad entre hermanos, tan fuerte «como cerrojos de alcázar» (Pr18.19). ¿Aplaude Dios esos sentimientos? A veces la antipatía se da entre las mismas denominaciones protestantes. Diferencias supuestamente irreconciliables de doctrina los separa, y por ellas olvidan lo que los une. A nadie solemos odiar más que al hermano separado. «Si te vas de nuestra congregación estás condenado». Hemos sustituido el reino de Dios por el principado mezquino de nuestra pequeña iglesia o denominación. ¿Quién manda ahí? ¿Cristo o Satanás? ¿Quién pronuncia o inspira esas palabras?

54. «Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?»

¿Qué es lo que mueve a Jacobo y Juan a reaccionar de esa manera? ¿Amor a su Maestro? ¿O más bien su orgullo ofendido? Recordemos que Jesús los llamó a ambos «Boanerges», esto es, «hijos del trueno». (Mr 3.17). Tenían un carácter fuerte; se creían tan importantes que no soportaban agravios. Recordemos también que Juan estaba emparentado con Anás (Jn18.15), lo que quiere decir que su familia estaba bien relacionada, no eran unos cualquiera y no se dejarían tratar como si lo fueran.

Jacobo y Juan reaccionan pues con cólera. Quieren castigar a los pobladores de esa aldea por el rechazo sufrido. ¡Cuántas veces nosotros reaccionamos así! Solemos pensar que el discípulo amado era manso y puro. Quizá era aun inocente siendo joven por haber crecido en un ambiente piadoso. Pero no era manso. Después lo sería.

Nosotros nos parecemos a los dos hermanos. Ese versículo está colocado ahí para que miremos nuestro retrato. Porque, ricos o pobres, el orgullo nos distingue a todos.

55.«Entonces volviéndose Él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois;»

Por eso Jesús los reprende: «Es un espíritu de venganza y no de mansedumbre, el que habla a través de vosotros». No está diciendo que hubiera un «espíritu» inmundo «en» ambos que hablara por su boca como si estuvieran endemoniados. Si hubiera sido ese el caso, ese espíritu no habría soportado la cercanía de Jesús, y este lo habría reprendido y expulsado. Pero Jesús no expulsa a ningún espíritu en esta ocasión sino que los reprende a ellos. Ellos son responsables de sus palabras, no ningún espíritu que los habite o que los oprima.

«Espíritu» en ese pasaje, como en muchos otros, quiere decir «mentalidad», forma de pensar y sentir. Conviene que distingamos lo que la Biblia distingue y no echemos todo en un mismo saco. Las palabras tienen varios sentidos en la Biblia y si no se tiene eso en cuenta los lectores pueden confundirse. Jesús reprende sus sentimientos, no ninguna influencia espiritual exterior a ellos.

Recordemos la frase de Jesús: «De la abundancia del corazón habla la boca» (Mt 12.34). Las palabras de Jacobo y Juan brotaron de la abundancia de soberbia e impaciencia que había en su corazón y que suelen ir juntas. Nuestras palabras altaneras, nuestras palabras de condena, nuestras críticas impacientes, nuestro deseo de mandar, tienen su origen en nuestro corazón, no vienen de afuera. Pero no sólo nuestras palabras, también nuestros actos (Mt 15.19).

Con frecuencia tratamos de justificarnos a nosotros mismos o de justificar a otros echándole la culpa a un tercero. Decimos: «Hay un espíritu de divorcio o de infidelidad que se está moviendo entre la gente», y queremos reprenderlo como si ese supuesto espíritu fuera el culpable. Pero ese «espíritu» no viene de fuera de uno, no es la influencia de un ente ajeno a los que cayeron en pecado. No es ningún espíritu o influjo externo lo que me mueve a hablar o a actuar así. Es mi carácter. Mi carácter es el «espíritu» a quien obedezco.

Recuérdese: Jesús no reprendió al espíritu de quien dijo que eran sus dos discípulos. Los reprendió a ellos. No tratemos de echar la culpa al maligno de todos nuestros actos y lavarnos las manos. Pablo escribió: «Cada cual dará cuenta a Dios de sí» (Ro 14.12). No será el diablo quien dé cuenta de mí. Aunque él me haya tentado, él no es culpable de mi pecado, sino yo. Fue mi voluntad la que cedió.

Es cierto que los pecadores «siguen la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia…» Pero ¿qué dice enseguida? Que esos —entre los cuales una vez nos contamos nosotros— viven en los deseos de su carne «haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos...» No una voluntad ajena (Ef 2.2,3). En otras palabras, se trata de una influencia general que opera en todos los que están alejados de Dios, pero sin obligar a nadie. Y también nosotros, aunque no queramos admitirlo, estamos en cierta medida bajo esa influencia, aunque tengamos el Espíritu. Frente a ese pasaje de Efesios las palabras de Jesús sugieren que la mentalidad de un individuo, o de un grupo de personas, de una ciudad y hasta de una nación, puede estar sutilmente influenciada por potestades del aire.

Sería interesante saber si los dos discípulos realmente pensaban que podían ordenar que cayera fuego del cielo, como hizo Elías (1 Re 18.37,38). ¿Serían ellos tan presuntuosos como para creer que tenían ese poder? Jesús les había dado autoridad sobre los demonios (Lc 9.1) y pronto se les sujetarían (10.17). Así mismo les diría que si creían sin dudar podían ordenar a una montaña echarse al mar (Mr 11.23), ¿por qué no podían ellos pensar que podían hacer lo mismo que Elías? Pero no creo que fueran tan necios. Simplemente esas palabras daban expresión a su cólera. Es como si dijeran: «Merecen que les caiga fuego del cielo». Es lo que nosotros sentimos cuando alguien nos hace algo que nos ofende. Quisiéramos fulminarlo, aunque sabemos que no podemos hacerlo. Pero exclamamos: «¡Que lo parta un rayo!»

Sin embargo, hay quienes creen que si tienen suficiente fe, pueden hacer todo lo que está escrito, e ignorar que ciertos poderes son un don particular. Aparte de Elías y Eliseo, que yo recuerde, no hubo otros profetas que hicieran milagros en el Antiguo Testamento ni ellos los hacían todo el tiempo, si bien no podemos excluir «a priori» que hayan hecho otros milagros que no están registrados.

Los dones del Espíritu Santo, llamados de poder (1 Co12.8–10) son eso: dones. No pertenecen al que los ejerce sino al Espíritu Santo que los da, a fin de que el que ha recibido el don de sanidades no se enorgullezca. Dios permite que unas veces ore y se sanen, y otras veces ore e imponga manos y nada suceda. El Espíritu Santo reparte sus dones cómo y cuándo quiere, y es su poder no el nuestro el que actúa. Por eso el resultado está en sus manos y no le agrada que usemos su poder para nuestra gloria.

56. «porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea».

Para terminar Jesús les da a sus discípulos —y a todos nosotros con ellos— una lección: «Yo no he venido para destruir la vida de los hombres sino para salvar sus almas» (3). «No he venido para condenar sino para salvar (Jn 3.17) aunque el juicio está en mis manos». Si hay algunos a los que Jesús condenará en el día del juicio (a los que estén a su izquierda, Mt 25.33) será a pesar suyo, porque él vino para impedir que se condenen. Pero el que lo rechaza y persiste en rechazarlo ya está condenado (Jn 3.18). En cierto sentido, él mismo se condena. (4)

Al final se fueron a otra aldea, donde está sobrentendido que sí los recibieron, y el asunto quedó terminado. Me encanta esa frase: «y se fueron a otra aldea». Total, ¿no había acaso otras aldeas por ahí? ¿Por qué se indignaron tanto? (5) Sin embargo el rechazo de esta aldea sirvió de ocasión para que Jesús nos enseñara algo y por eso —entre otras razones— está el incidente escrito. A veces nos preguntamos ¿Por qué está eso ahí? ¿Qué sentido tiene? Si para mí no tiene ningún sentido es porque aún no ha alumbrado el Espíritu ese pasaje para mí. Pero si está ahí es por algo y bueno sería que me esfuerce en descubrirlo.

Terminaré con una reflexión que se desprende de lo leído. Nosotros desechamos a los que no son de nuestro grupo, de nuestra iglesia, de nuestra corriente, los condenamos al infierno, o cuando menos, los consideramos inservibles. «No, esos son unos idólatras marianos, o esos se han desviado, o siguen una teología equivocada, o son unos fanáticos fundamentalistas» (ahora que está de moda criticarlos), etcétera.

Pero ¿qué sabemos nosotros de lo que tienen en su alma? Sólo Dios ve sus corazones y a él está remitido el juicio. Nosotros no daremos cuenta de los que criticamos ni ellos darán cuenta de nosotros. ¿Por qué los juzgamos tan severamente? Jesús dijo: «No juzguéis y no seáis juzgados, no condenéis y no seáis condenados… porque con la misma medida con que midáis seréis medidos» (Lc 7.37,38). Algún día seremos juzgados con el mismo juicio con que nosotros juzgamos, condenados con la misma condenación con que condenamos, y medidos con la misma vara con que medimos. ¿Y a qué juez acudiremos si el Juez Supremo nos condena por hipócritas?

Notas

Nótese que todos los pasos de la vida de Jesús en la tierra estaban predeterminados. Nada en su vida y misión terrena había sido dejado al azar, todo había sido previsto por el Padre.

Los reyes hasmoneos de Judea (segundo siglo antes de Cristo) conquistaron Samaria y destruyeron el templo que los samaritanos habían construido en el monte Gerizim. Ese hecho avivó el antiguo odio mutuo.
Recuérdese que en hebreo —idioma que es el trasfondo del griego de los evangelios— la palabra «nefesh», que se traduce por «alma», quiere decir también «vida». La Biblia juega muchas veces con esa duplicidad de sentidos.

Jesús no ha venido para «perder» las almas. Ese verbo tiene ahí el sentido de condenar, destruir, pero tiene también el sentido de «dejar que se pierdan». Él ha venido para asegurarse que ningún alma se pierda. Algunas se pierden, pero no aquellas que su Padre le ha confiado, salvo el hijo de perdición. Misterios de la predestinación.

Hacía poco Jesús les había dicho «Y dondequiera que no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos» (Lc 9.5). «E idos a otra ciudad» se sobrentiende. Pero lo habían olvidado. Como muchas veces a nosotros, las enseñanzas de Jesús les entraban por una oreja y les salían por la otra.

Acerca del autor:
José Belaunde nació en los Estados Unidos pero creció y se educó en el Perú donde ha vivido prácticamente toda su vida. Participa activamente en programas evangelísticos radiales, es maestro de cursos bíblicos es su iglesia en Perú y escribe en un semanario local abordando temas societarios desde un punto de vista cristiano. Desde 1999 publica el boletín semanal "La Vida y la Palabra", el cual es distribuido a miles de personas de forma gratuita en las iglesias de su país. Para más información puede escribir al hno. José a jbelaun@terra.com.pe
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Un corazón dadivoso, la belleza de dar

En muchas de nuestras iglesias, no se predica acerca de la caridad o la generosidad hacia el pobre y necesitado. Y en otras cuando sí se predica, solo se queda en palabras y no en hechos. El siguiente artículo nos hace reflexionar acerca de lo bello que es ser misericordioso y ser un instrumento de bendición para una persona necesitada.

No se suele predicar mucho acerca de la compasión con el pobre y necesitado, y de la limosna, como si no fuera algo cristiano. Es una lástima porque esa es una de las enseñanzas básicas tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, cuyo cumplimiento trae mucha bendición. Pero yo te digo, amigo lector: Abre tus manos y tu puerta con generosidad al pobre y necesitado y verás cómo Dios te recompensa abundantemente.

Quien quiera convencerse de que no exagero lea el Salmo 112: «El hombre de bien tiene misericordia y presta… Reparte, da a los pobres; su justicia permanece para siempre» (5a,9). Proverbios también nos reprende: «No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tienes poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda y vuelve, y mañana te daré, cuando tienes contigo qué darle» (3.27,28). Y también: «El que da a los pobres presta a Dios» (19.17) ¡Qué privilegio! Deberíamos darle gracias al mendigo que nos extiende la mano por el favor que nos hace, antes de darle una moneda.

Jesús exalta la misericordia en las bienaventuranzas (Mt 5.7 «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia»). También las epístolas generales repiten ese mensaje: «Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio… Hermanos míos. Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y sacios, pero no le dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha» (Stg 2.13,15,16).

«Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad» (1 Jn 3.17,18).

El ángel que se aparece a Cornelio le dice que la razón por la cual él lo visita es porque «tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios» (Hch 10.5). Cornelio halló gracia ante los ojos de Dios no sólo por sus oraciones sino también por su generosidad con el pueblo (10.2). Pablo dedica dos capítulos de su segunda carta a los Corintios a ese tema que —como he escrito antes en otro lugar— no se refieren al diezmo sino a la colecta que él hacía para los pobres de Jerusalén, como bien indica el título de ese pasaje en la Reina-Valera 60.

No se suele predicar mucho acerca de esto en parte debido a que tradicionalmente en las iglesias el énfasis de la generosidad está puesto en el diezmo. Pero también porque, debido a la dureza de nuestros corazones, no nos gusta que se metan con nuestro bolsillo. Bastante es ya, decimos, que contribuyamos al sostenimiento de nuestra iglesia.

Hay muchos que no prosperan pese a que diezman fielmente. ¿No será porque han cerrado su corazón y su mano al pobre? Recuérdese que Jesús mantenía una bolsa para dar limosnas. Así como él recibía, él daba: «Más bienaventurado es dar que recibir» (Hch 20.25). ¿Qué esperas para empezar a sembrar tu recompensa? Pero si lo haces por interés y no por amor, mejor será que te abstengas, porque no puedes sobornar a Dios.

Acerca del autor:
José Belaunde nació en los Estados Unidos pero creció y se educó en el Perú donde ha vivido prácticamente toda su vida. Participa activamente en programas evangelísticos radiales, es maestro de cursos bíblicos es su iglesia en Perú y escribe en un semanario local abordando temas societarios desde un punto de vista cristiano. Desde 1999 publica el boletín semanal "La Vida y la Palabra", el cual es distribuido a miles de personas de forma gratuita en las iglesias de su país. Para más información puede escribir al hno. José a jbelaun@terra.com.pe
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Gozo ganado con dificultad

Texto de referencia 2Corintios 12:8-10; Filipenses 4:13

La franqueza siempre es la mejor política, pero especialmente cuando usted está rodeada de varias damas en un baño durante un descanso en una conferencia de mujeres.

La franqueza siempre es la mejor política, pero especialmente cuando usted está rodeada de varias damas en un baño durante un descanso en una conferencia de mujeres.

- Ah, Joni – dijo una mujer mientras se ponía lápiz labial-, siempre pareces tan contenta y equilibrada en tu silla de ruedas. ¡Me gustaría tener tu gozo!

- Varias mujeres a su alrededor asintieron

- ¿Cómo puedes? – preguntó la mujer mientras tapaba el lápiz labial.

- No, yo no – le dije – Es más, ¿puedo decirte sinceramente cómo desperté esta mañana? Este es un día normal – continúe mientras respiraba profundamente – Después que mi esposo Ken sale a trabajar, a las seis de la mañana, quedo sola hasta las siete, cuando oigo que se abre la puerta principal. Esa es una amiga que llega para ayudarme a levantarme.

- "Mientras escucho que mi amiga hace café, oro: "Señor, dentro de poco tiempo mi amiga me bañará, me vestirá, me sentará en mi silla, me cepillará el cabello y los dientes, y me llevará afuera. No tengo las fuerzas para enfrentar esta rutina una vez más. No tengo recursos. No tengo una sonrisa para mostrar durante el día. Pero tú sí. ¿Podría tener la tuya? Dios, te necesito desesperadamente ".

- Y ¿qué sucede cuando tu amiga atraviesa la puerta del dormitorio? – quiso saber una de las mujeres.

- Vuelvo la cabeza hacia ella y le doy una sonrisa enviada directamente del cielo – contesté, haciendo señas hacia mis piernas paralizadas -. No es mía. Es de Dios. Y así, cualquier gozo que veas hoy comenzó a ganarse con dificultad esta mañana.

He aprendido que mientras más débiles seamos, más debemos apoyarnos en Dios; y mientras más nos apoyemos en Dios, descubrimos que él es más fuerte.

Tomado del libro Ilustraciones perfectas publicado por Unilit. 
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