Devocional de hoy

Riéndonos ante lo imposible

¿Acaso hay alguna cosa difícil para Dios? (Génesis 18:14a)

La risa de Sara es cínica, incrédula. Si esta fuese toda la historia, nos sentiríamos tentados a decir que esta mujer no es un ejemplo que seguir. Pero en el nuevo testamento, en el libro de Hebreos, nos encontramos con el resto de la historia. Allí, en esa sala de los famosos, aparece el nombre de Sara: “Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido” (Hebreos 11:11).

Una vez que los invitados se marcharon, Sara seguía aún pensando en lo que había oído, y las palabras del Señor le tocaron el corazón con un poder especial. La pregunta especial que le hizo Dios fue: “¿Acaso hay alguna cosa difícil para Dios?”. Al pensar Sara en ello, se tuvo que enfrentar con esa pregunta. Empezó a pensar en el creador, aquel que había llamado de la nada el vasto universo en el que vivimos y, más allá de eso, los mundos que giran a nuestro alrededor en las extensiones sin límite del espacio; el que sostiene día tras día todas las poderosas y complejas fuerzas de la tierra, haciendo que salga el sol a su tiempo, guiando los planetas en sus cursos de rotación, pronosticando los sucesos humanos, y siglos después hace que suceda exactamente lo que él había prometido. Al pensar Sara en aquel que había dicho estas palabras, sintió toda la fuerza de la pregunta: “¿Acaso hay alguna cosa difícil para Dios?”. Y ella fue más allá de los actos contrarios de su propia vida y dijo: “Claro que no. No hay nada que sea demasiado difícil para el Señor. Si él ha hecho una promesa, se cumplirá”. Por medio de la fe, ella recibió el poder para concebir cuando pasaba ya de la edad. Sara consideró que aquel que lo había prometido era fiel.

¡Qué preciosa lección es esta acerca de la naturaleza de la fe! La fe es algo que mira más allá de todas las circunstancias contrarias para descansar en el carácter de aquel que lo había prometido. ¡No se deje usted engañar por el engaño popular de que la fe se mantiene por sí misma, que basta con creer cualquier cosa! Es preciso que la fe descanse en alguna promesa. Cualquier otra cosa no es más que presunción, credulidad e insensatez. Pero cuando Dios ha dado una palabra, es la palabra de Dios, y podemos confiar en ella a pesar de las circunstancias, de los sentimientos o de cualquier otra cosa, puesto que ¿hay algo que sea demasiado difícil para el Señor?

¿Le parece a usted difícil ser lo que Dios quiere que sea? ¿Le resulta difícil manejar su naturaleza malvada en el lugar de la muerte? ¡No es demasiado difícil para el Señor! ¿Le parece a usted difícil ser una persona dulce, amable, perdonadora y cariñosa cuando siente en su interior lo desagradable, desviada e ingrata que puede ser usted? ¡Es difícil para usted, pero no es demasiado difícil para el Señor! ¿Le parece a usted imposible que el amigo por el cual está orando jamás se convertirá, o el que se está rebelando en contra de la gracia puede ser transformado? ¿Es algo demasiado difícil para el Señor? ¿Le parece a usted ahora que hay alguna labor que le está pidiendo Dios que realice usted, y cree que es imposible realizarla? Puede que sea difícil para usted, pero no es demasiado difícil para el Señor.

Señor, ayúdame a creer que, en medio de mis situaciones que a mí me parecen imposibles, para ti no hay nada imposible.

Cuando Dios nos pide algo que nos parece imposible, ¿nos apoyamos con más fuerza en nuestros propios recursos o vamos adelante en fe basándonos en su suficiencia total?

Ray Stedman
www.raystedman.org

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